Comunidad

Cambiar de jaula

Usé Twitter durante muchos años. Lo defendí como un espacio para la discusión de ideas siempre que se garantizara un mínimo de respeto. 

No era fácil conseguirlo, lo que abundaba era la ofensa. Pero yo seguía allí.

Para mí, lo que se volvió intolerable ocurrió después de que Elon Musk comprara la plataforma. 

En mi cuenta, el algoritmo impulsaba los comentarios personales del dueño aunque yo los marcara como contenido sin interés. Luego, cuentas con contenidos similares también eran desplegadas en mi pantalla. 

A eso se sumaban políticas que identifiqué como cercanas a posiciones autoritarias. Eliminé mi cuenta.

Elegí usar Meta. Es decir, usar WhatsApp, Facebook e Instagram. 

Al mismo tiempo, abrí un canal de YouTube. Incluso opté por pagar una cuenta verificada, porque me pareció importante que los usuarios tengan algún grado de seguridad de que hablan con una persona real. 

Esto tendría que ser un derecho, no un privilegio de quien puede pagarlo.

Dejar una plataforma y elegir otras no fue sencillo. Sentí que estaba eligiendo el árbol del cual ahorcarme. 

Porque, en el fondo, hay que decidir a quién entregas tus datos, a quién le aportas contenido para alimentar su negocio. Sentí que tenía que elegir a qué señor feudal de la era digital someterme. Elegí a Mark Zuckerberg.

Ahora, un jurado en Los Ángeles declaró a Meta y YouTube responsables por contribuir a la adicción de una menor. 

No por el contenido en sí, sino por algo más inquietante, el diseño deliberado de mecanismos que capturan la atención sin advertir con claridad los riesgos para la salud mental.

El fallo no sólo señala una negligencia técnica. Plantea una pregunta más profunda, ¿qué ocurre cuando la libertad del usuario se enfrenta a arquitecturas diseñadas para debilitarla? 

Aquí no estamos ante una elección individual, sino ante un entorno que moldea el deseo, que anticipa la voluntad y que, en el caso de una menor, contribuyó en el deterioro de su bienestar.

La discusión no es sólo jurídica ni tecnológica. Obliga a revisar cómo tomamos decisiones en contextos donde las opciones ya vienen parcialmente diseñadas.

Elegir plataforma no es sólo elegir una herramienta, es elegir el tipo de influencia que estamos dispuestos a aceptar sobre nuestro tiempo y, en última instancia, nuestra vida.

Pensar estas decisiones con claridad no elimina el problema, pero sí evita una ilusión, la de creer que seguimos decidiendo en condiciones equilibradas. 

Y quizá ahí comienza una forma más honesta de habitar el mundo digital.


IG: @davidperezglobal

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david pérez
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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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