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Domingo , 24.03.2019 / 18:10 Hoy

Déjame te pregunto

¿Servidores públicos, calificados de manera ingrata?

David Aarón Cárdenas

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A mediados de esta semana con bombo y platillo en Hidalgo, se celebró el día del servidor público hidalguense.

Si, aquellos que comen gracias al trabajo que desempeñan dentro de todos los poderes gubernamentales asentados por estos lugares; celebración variada en fechas a lo largo del mundo y que en estos días toco por acá.

Como puro acto de cultura, le comparto que el artículo 108 de nuestra Constitución Mexicana menciona que servidor público, puede ser desde representante de elección popular, un miembro de Poder Judicial de la Federación, un funcionario de diferente nivel hasta un empleado de gobierno, y en general toda persona que desempeñe un empleo, cargo o comisión de cualquier índole en la Administración Pública Municipal, Estatal o Federal.

Así pues, el común de la gente en México identifica como sinónimo los términos burócrata, trabajador al servicio del estado, funcionario, empleado y servidor público, utilizándolos indistintamente para designar en la mayoría de los casos, a quien ha hecho de la administración pública su modo de vida.

Entendamos de manera clara que, funcionario público es la persona que realiza como su nombre lo indica, una función pública, que tiene poder de decisión, mando de persona y ejercicio de autoridad, por otro lado, empleado público es toda persona física que presta un servicio para alguna dependencia del Estado, en virtud de un nombramiento y que se desempeña normalmente en actividades de apoyo precisamente al funcionario.

Aunque han sido llamados empleados o funcionarios públicos, el término más común es el de “servidor público”, si, esos a los que les decimos cuando estamos ya molestos ante un mal servicio, que los mantenemos con nuestros impuestos, y en ocasiones en honor a la verdad si hay varios que en su accionar dejan mucho que desear.

Es cierto, además de comentar en la tradicional plática de sobre mesa, que esta gente la tiene “segura” en su trabajo, también hemos creado alrededor de ellos todo un “halo”, que le da vida al paradigma que tenemos de la manera en cómo desempeñan su función, los hemos cuestionado, vapuleado, desvalorizado y muy raras veces, elogiado; hemos inclusive provocado en ellos, cierto grado de alejamiento con respecto al resto de nosotros, los que “si trabajamos”, somos una sociedad que los ve como gente “aparte”, cargada de los antivalores de la irresponsabilidad, la ineficiencia y la deshonestidad, tristemente así podríamos resumir la manera en que vemos desde afuera la labor de este grupo de gente.

Sin embargo, irnos solo con esa percepción, sería uno de los errores más grandes que podríamos cometer, si bien es cierto que cientos de ellos son “indignos” si me permite la palabra, de asumirse como trabajadores del Estado dado su interés individual y mezquino de sacar “ventajas” de su posición, para acelerar un trámite, aprobar alguna licencia, o simplemente para recibir “tajada” de algún trabajo, del otro lado tenemos a miles (que son los más créame), que ven en su trabajo algo más que una simple atención al usuario, hay gente que lleva más de treinta y cinco años laborando para el gobierno, que ha visto pasar a cientos de directores, jefes de área, a docenas de secretarios y quizá a más de seis gobernadores.

Muchos de ellos nunca imaginaron que pasarían gran parte de su vida entre designaciones y actividades propias de la gestión pública, desde allí, desde el mismo escritorio, desde la misma ventana donde los procedimientos suelen ser tediosos y los reconocimientos pocas veces presentes, y que, sin embargo y a pesar de las limitantes que en muchos casos tienen, entregan lo mejor de sí, se siguen preparando y se reinventan día a día, porque los cambios en gobierno les exigen estar cada vez más calificados y ser más eficientes en el servicio que prestan.

Esa es la gente a la que hay que reconocer, a la que las palabras, ética, vocación, profesionalismo y eficacia, los hacen sentirse orgullosos de la carrera que optaron desempeñar y cuidar, la de servidor público.

Desde estas líneas mi admiración para “ese” tipo de gente, vaya un abrazo para cada uno de ellos por su día.

Por cierto, recordándoles a varios de esos funcionarios públicos sus labores, les pregunto como el niño del comercial: ¿Y quitar el fuero “apá”? Ahí se los dejo de tarea.

Que pase un excelente fin.

dacc_cardenas@yahoo.com.mx

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