El paro de 72 horas convocado por la CNTE, nos volvió a recordar que el conflicto con el magisterio no es un fuego extinto, de vez en cuando se vuelve a avivar, es cierto, en Ciudad de México hubo plantón, marchas y bloqueos, y es que el descontento con ellos lector mío sigue vivo, la herida por la Ley del ISSSTE del 2007 no ha cerrado, estos maestros insisten en la derogación de esa norma.
Para Hidalgo la historia fue otra, aunque tuvimos la “digna” representación del Mexe en aquel plantón, en estas tierras no hubo ninguna movilización real del sistema educativo, ni suspensión de clases, ni demostración de fuerza que alterara nuestra rutina. Y es que la presencia de la CNTE en la entidad es muy reducida, es el SNTE la estructura que sigue siendo la dominante y que marca la agenda política.
Así que en Hidalgo el famoso paro nacional fue más una llamarada que un incendio descontrolado, mas un solidaridad simbólica que presión efectiva, más fotografía para redes que acciones concretas. Como le dije, solo una delegación de la CNTE y el Mexe (que se mete en todo) tuvieron presencia, lo que demuestra también que nos guste o no, hay comunicación entre este sector del magisterio y el normalismo rural. Pero bueno, una cosa es acompañar la causa y otra llegar a paralizar un estado, lo segundo ni remotamente ocurrió por acá.
La pregunta de fondo, sin embargo, no se debe hacer preguntando cuántas escuelas cerraron, sería una lectura muy corta de vistas creame, porque si bien el paro no tuvo en Hidalgo el peso de Oaxaca, Chiapas o Guerrero, si deja ver otro problema más de fondo: lo debil que es la disidencia local, la fractura de los maestros y nos guste o no, la cómoda administración política de un descontento que aquí todavía no encuentra eco. Menchaca puede presumir que por acá el encono es pequeño, esta disperso, encapsulado y políticamente bien contenido.
En conclusión, este estado no vivióel colapso educativo que hubiera querido la CNTE, eso sí, evidenció algo que resulta verdadero: los grandes pleitos nacionales exhiben nuestras pequeñeces locales, mientras en otros lugares la protesta retumbo como tambor de guerra, aquí apenas alcanzó un murmullo; un murmullo que al menos al día de hoy solo anuncia que este conflicto no tiene el volumen suficiente para dejar de ser ignorado.