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Jueves , 25.04.2019 / 07:37 Hoy

Sin edición

Prudencia

Daniela Mendoza Luna

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Durante los pasados seis años, los comentarios a favor de la figura presidencial no fueron tomados en serio por una simple razón: no parecían reales.

El término "peñabot" se volvió parte no solo del argot periodístico, sino también de la mediosfera general hasta incrustarse en la cultura popular.

Pocos creían en sus palabras y las señalaban como dirigidas desde alguna central de trabajo donde empleados a sueldo o subcontratados por agencias de publicidad desde la comodidad de su hogar hacían la patriótica labor de defender a su Presidente de las febriles hordas cibernéticas.

Nunca nos preocuparon realmente, salvo por la fundada creencia de que eran subsidiadas con los recursos de nuestros impuestos.

Hoy el escenario es distinto, lo preocupante de los fieles a la figura presidencial es que parecen ser reales y que su lealtad va más allá de lo que hasta entonces habíamos visto. Sus constantes descalificaciones hacia toda persona que cuestione los dichos de Andrés Manuel López Obrador, su memoria corta al cuestionamiento que se ha realizado desde la prensa a los últimos cuatro presidentes, y sobre todo el encono con el profieren amenazas tiene ahora un factor de riesgo mayor; la venía de su "amado líder".

El Presidente lanzó una advertencia que parece mucho a una amenaza a una prensa ya diezmada por los continuos ataques a su integridad física, a su vida. En un país donde los periodistas son atacados por funcionarios públicos, delincuentes y que no cuentan en ocasiones respaldo ni en sus propios empleadores, el comentario del Presidente no es cosa menor.

El riesgo para quienes ejercemos la labor se amplía ahora, además de los sospechosos comunes ahora tenemos que añadir a sus fanáticos a la ecuación.

Cierto es que en el periodismo como en todas las profesiones ha habido personas y figuras que no han respondido adecuadamente a su función social, que se han deslumbrado en su contacto con el poder y que han respondido a interés económicos, pero no son todos. Al menos no quienes están en la mañanera todos los días; ni quienes han muerto en el ejercicio de su labor.

Callar a un periodista es ir contra el ejercicio de la libertad de expresión y la libertad de información, no solo de quien o quienes ejercen la labor sino de quienes deben tener acceso a la misma, en resumen de todos.

La prudencia, señor Presidente, la debe ejercer usted.


Twitter:@dameluna


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