La dirigencia de Morena en este iniciático 2026 con miras al próximo año, le toca una labor que no admite ingenuidad y de manera urgente debe imponerse una tarea: poner orden al tiempo político en los estados donde habrá elecciones para las gubernaturas principalmente, antes de que el tiempo se vuelva desorden y que las amenazas se vuelvan traiciones.
Porque se percibe una efervescencia muy adelantada donde muchos actores políticos están desplegando recursos y estructuras en aras de ser nominados o escogidos donde pareciera se están formando como en la fila de las tortillas: "aquí está mi lugar", "ya me toca", "no te metas", "yo llegué primero".
Como si las candidaturas tuvieran turno de mostrador y no una decisión colectiva con reglas, método y legitimidad.
Esos perfiles tan desesperados degradan la política y la mística del movimiento de la cuarta transformación. Cuando la política se vuelve fila, el proyecto se vuelve reparto.
Y entonces aparecen las tentaciones de siempre: la herencia disfrazada de vocación, el nepotismo maquillado de "relevo", el compadrazgo vestido de "unidad", y la ambición convertida en supuesto derecho.
Las sagradas escrituras, específicamente en el Eclesiastés nos recuerda que todo tiene su tiempo. También en política. Adelantarse no es virtud: es ansiedad.
Y la ansiedad, cuando entra al espacio público y a la política enrarece el ambiente: se multiplican las intrigas, los bandos, los que ya se sienten “amarrados” los mismos que instalan la idea tóxica que les toca, como si fueran turnos de pasarela y que, además, amenazan con romper y reventar los procesos.
En Morena hay varios ex priistas expertos en eso…
En ese clima prospera el mercado de las encuestas chafas, mediciones sin metodología seria, sin ficha técnica, sin transparencia que colocan "arriba" a quien trae presupuesto o con posibilidades ofreciendo a la ciudadanía y militancia, una ilusión de inevitabilidad.
Pero no miden la preferencia, miden el presupuesto y seguir en la nomina porque vivir fuera del presupuesto, como decían los priistas corruptos, era estar en el error.
Aquí conviene recordar un referente para quienes se dicen ser Morenistas no de los dientes para afuera, sino desde el interior de sus conciencias.
Y ese referente es el fundador del partido guinda, el ex presidente Andrés Manuel López Obrador que advirtió, con su estilo, sobre quienes usan la política como causa y escalera personal: los "vulgares ambiciosos" o “ambiciosos vulgares”, que para expresar la idea es lo mismo.
El reto para Luisa María Alcalde y Andrés Manuel López Beltrán, presidenta y secretario de Organización de Morena es mayúsculo.
Les toca sostener reglas claras y mano dura contra las presiones, el chantaje, “mediciones" de humo, y llamar al orden a aquellos y aquellas que creen que las candidaturas se heredan o se aparta "con anticipación" o en el peor de los casos, desterrar aquella perversa idea en tiempos de sucesión de que, gobernador pone gobernador…
Y aquí entra el punto más delicado: Escoger y medir a quienes tienen la mejor biografía ética y pública.
Porque si las candidaturas se deciden por ruido, por fila o por encuestas a modo, lo que se abre es una puerta peligrosa: la puerta para que entren -otra vez- los que roban, mienten y traicionan.
Continuará…