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Martes , 19.02.2019 / 05:29 Hoy

Hacha y machete

Respeto a la intimidad

Cruz Amador

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Cuando uso el transporte público tengo como costumbre voltear atrás, por seguridad, cada que bajo en una estación o cuando voy a salir de las unidades; esta semana lo use una vez y no fue la excepción, al salir del paradero escuché unos pasos que venían siguiéndome, voltee y me encontré con los ojos de una joven, que también había bajando del camión, me vio, recelosa, y como dudando si seguirme el paso, apresurarse o parar y esperar a que me adelantara, debo admitir que me sorprendió, caminé más aprisa y dejé distancia entre los dos, todo pareció relajarse.

No es que yo a primera vista parezca una blanca paloma, pero tampoco considero que me vea como un peligro, sin embargo, reflexionando sobre el pequeño incidente en la estación solo me queda preguntar ¿a esto nos han orillado?, ¿así es como es ahora?, ¿una mirada es ya un acto de alarma?

Esta semana intentaron violar a una joven al salir de una estación del transporte urbano en León, el tipo le clavó una navaja en el cuello, ella no dejó de luchar, de patalear, de gritar y pudo escapar. «No me interesan tus cosas, pendeja», le dijo el atacante.

La estación se encuentra en una zona con mucho terreno solo, espacios amplios y poca luz - no es justificación, solo los pongo en contexto, señoras y señores -, sin embargo no es el único lugar donde las mujeres son acosadas en León, dentro de los camiones también pasa, en los trabajos, en la calle, en las universidades y las escuelas. Lo que me lleva a lo siguiente.

La Universidad de Guanajuato esta semana emitió su sanción para los seis profesores que encontraron culpables de acoso en su campus de León. La honorable institución les dio ocho días de suspensión y la tarea de ir a unas pláticas para evitar que vuelva a pasar. Es una burla.

La UG se burla de todos los casos de acoso que hay y que hubo bajo su manto, de las miles de muertas en el país y de las guanajuatenses que son acosadas día a día.

La líder de Las Libres, el movimiento que impulsó las denuncias, afirmó que es un gran paso que la Universidad reconozca que existe el acoso, pero no, no es suficiente, señora, era necesario un castigo de verdad, no unas vacaciones para que planeen cómo van a actuar contra las estudiantes cuando regresen a trabajar.

Los nombres de los acosadores tampoco fueron publicados por la UG -por redes circulan como agua -, el motivo: «respeto a la intimidad». Es repugnante que tengan respeto y consideración con los atacantes y no para las víctimas.

Ser mujer en México es difícil, como ya lo dije en otra columna y otros también lo han mencionado, este es un país que mata mujeres, que las desaparece, las viola, las denigra.

¿Qué pueden hacer las mujeres si son atacadas y las instituciones que se suponen deben defenderlas y protegerlas no lo hacen?

Deben defenderse, pelear contra un sistema que las tiene con el píe en el cuello, gritar y nunca para de gritar, formar lazos y hacer fuerza entre ellas, y no es que yo sea feminista ni que comparta todos los manifiestos, pero eso no importa, hay personas muriendo y siendo atacadas a diario, eso es lo que debe movernos.

Pero no todo es oscuridad en esta bruma, la solidaridad que se ha visto entre ciudadanos da una esperanza a la sociedad, ese «si estás en peligro toma mi mano y te ayudaré» desvela ese instinto de comunidad que prevalece pese a todo. Y ese organizarse sin gobierno, sin una autoridad omnipotente, se llama anarquismo.


cruz.amador@milenio.com





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