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Procesos y personas: dar tiempo para la comodidad

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En días pasados logré un avance que considero importante en mi estructura de servicio de consultoría: por fin eduqué, configuré e “hice entender” a la trinche inteligencia artificial (IA) la forma en que debe realizar las tareas que le solicito; me costó muchas horas, pero por fin está al nivel que requiero.

En mi opinión, con esto de la IA estamos en un nuevo punto de inflexión de productividad, similar –creo– a aquél que se vivió con la introducción y democratización de las computadoras en los 80’s. Y al igual que entonces, el reto no es sólo usar la herramienta, sino “tunearla” para confiar en los resultados que arrojará.

Pues algo similar pasa con los colaboradores de nuevo ingreso en una organización: independientemente de su origen (recién egresado, o preveniente de otra empresa), la curva de aprendizaje (tiempo) será corta o larga en relación directa a los puntos de fricción operativa que él/ella vaya encontrando en el proceso de incorporación. Pasado este punto, el colaborador llega a un nivel de eficiencia, y posteriormente, a uno de comodidad laboral.

Y por favor, no confundas comodidad con zona de confort, nada que ver. Aquí hablo de lo que se denomina Flujo de Valor.

Mihaly Csikszentmihalyi (se pronuncia Chik-sent-mi-jai, de nada), psicólogo húngaro –estadounidense, exdirector del departamento de psicología en la Universidad de Chicago y uno de los pilares de la psicología positiva, aterriza la idea de la comodidad laboral en su Teoría del Flow (flujo) y la plantea como “el estado ideal en el que un profesional opera al máximo de su capacidad, sin resistencia ni bloqueos, logrando una sintonía perfecta entre el reto laboral y sus habilidades cognitivas.” Es decir, es ese momento en que el colaborador ejecuta sus tareas de forma natural, automática y fluida. ¡Chulada de persona!

Pero aquí viene el golpe de realidad: para que las personas lleguen a este estado, deben encontrar en la organización condiciones que propicien su comodidad/flujo, y estas son (entre otras): Entornos de Seguridad Psicológica, Feedback Continuo, Modelos claros de Gestión, y sobre todo, una Arquitectura de Procesos, que evite que el colaborador pierda tiempo adivinando qué debe hacer y qué se espera de él en cada tarea.

Así pues, la comodidad operativa (flujo de valor) no es un esfuerzo individual; es una consecuencia del diseño de la empresa. Para ello, se deben replantear elementos de cultura organizacional tan importantes como Autonomía, Aprendizaje y Propósito, que propiciarán la percepción ideal de Apoyo, Respaldo, Claridad, y principalmente, Ausencia de Conflictos.

Y todo esto Querido, lleva su tiempo.

¿Le entras?


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Chucho Meza
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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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