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Un mundo sin celulares

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  • César Romero

Cuidado. La “cabeza” de este texto no se refiere a la extraordinaria crítica a los efectos nocivos de las nuevas tecnologías revelados por Byung-Chul Han en su libro Infocracia. Vamos, ni siquiera me refiero a esa efímera moda de restaurantes chidos prohibiendo el uso de los celulares en sus mesas. El tema es más concreto y, en cierto modo, siniestro: determinar cuál tecnología reemplazará a los dispositivos móviles, alguna vez conocidos como “teléfonos celulares”.

En lo personal, llevo cerca de una década esperando el réquiem de la tecnología de más rápido crecimiento en el mundo. Las comunicaciones por banda ancha inalámbrica pasaron de un virtual cero en 1990 a más del 92 por ciento de la población del planeta actualmente. En promedio pasamos más tiempo frente a las pequeñas pantallas que cualquier otra cosa, incluida la televisión. Si consideramos el internet de las cosas, estamos hablando de unos 20,000 millones de dispositivos.

Los expertos llevan casi un lustro hablando del final que ese omnipresente dispositivo del cual nadie puede despegarse. Según dicen, el sustituto será algo denominado “usables”, en referencia a una serie de gadgets que, casi de inmediato, detonan en mi mente el concepto Cyborg. ¿Será así?

Si bien mi primer idea de los celulares viene del zapatofono del célebre Agente 86 y aquel dispositivo casi mágico del Capitán Kirk en Star Trek, aún recuerdo esa especie de ladrillo con una larga antena con el cual iba de un lado al otro uno de mis primeros jefes, como si portara la antorcha olímpica o una estatuilla dorada. Aunque en lo sustancial no creo equivocarme al ubicar el inicio del reino de los móviles en 2007 con la llegada del primer iPhone (todavía tengo el mío).

Desde entonces, Apple con IOS y Google con Android son las principales beneficiarias de un enorme duopolio que controla los sistemas operativos de 8,600 miles de millones de móviles en el planeta.

Qué sigue. Si juzgamos a partir de lo que vemos en cualquier centro comercial o puesto callejero alrededor del mundo, el imperio de los celulares será eterno. Pero, desde la perspectiva del gran dinero, se perfila otra historia. Citada por The Economist, Yang Wang of Counterpoint Research, una firma de análisis tecnológico estima una caída de un 6% en la producción mundial para este año.

En buena medida debido a que los precios de los chips y otros insumos han subido debido al boom de los “data centers” de Inteligencia Artificial, pero también al modelo de negocio actual que obliga al comercio electrónico a pagar comisiones hasta del 30% a empresas como Apple, las demás plataformas impulsan el crecimiento de “pins”, lentes, audífonos, relojes y otros gadgets que “liberen” a los usuarios de la “adicción” a la pantalla. En esa misma dirección estaría OpenAI, con la idea que la interacción con el mundo digital sea a partir de un chatbot.

Aunque por ahora la amenaza contra IOS y Android es pequeña; hay 15 millones de “lentes inteligentes” vs. Los 250 millones de iPhones vendidos tan solo el año pasado. También debido a diversos retos técnicos (incluso a nivel molecular) en la fabricación de lentes y/o baterías. De hecho el propio Mark Zukerberg con su apuesta al universo de realidad virtual dentro de sus visores, asume que la gente seguirá usando, aunque menos, sus celulares.

Además, tanto Apple como Google han avanzado en el desarrollo de sus propios visores, lentes y bocinas inteligentes.

En suma, los “teléfonos celulares” (que ya desde hace mucho no son teléfonos) probablemente celebrarán su cumpleaños 25, pero ya se asoma en el horizonte una nueva ola de Disrupción Tecnológica. Queda por saberse qué tan veloz llegará, qué efectos tendrá en nuestras mentes y cuerpos y, sobre todo, cuantas pantallitas alcanzaremos a guardar en nuestros museos personales.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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