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Democracias patito

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Brasil: Lula o Bolsonaro. Estados Unidos: Trump, acotado o fortalecido. México: el regreso de la aplanadora oficial o un partido de Estado de dos cabezas. Ante los retrocesos democráticos en buena parte del mundo, las próximas elecciones presidenciales en Brasil, intermedias en Estados Unidos y la disputa de 17 gobernaturas en México, alientan un muy moderado optimismo.

Si ayer en Brasil ninguno de los dos candidato superó la línea del 50 por ciento de los votos, el drama se alargará hasta la segunda ronda del tercer domingo de este mes. Virtualmente empatados, ni Flavio Bolsonaro (hijo de Jair Bolsonaro, el ex presidente condenado a 27 años de prisión domiciliaria) ni Luis Inazio Lula da Silva, el también ex presidente que también fue encarcelado, tienen asegurado el triunfo real o definitivo.

En todo caso la contienda brasileña sigue un guion claramente ideológico. El avance de populistas de derecha tipo Trump en El Salvador, Ecuador, Argentina, Perú, Colombia y, por la vía violenta, en Venezuela, se enfrenta en Brasil con el muro de uno de los nacionalismos de izquierda más arraigados del continente. Además de las sombras de corrupción de sus primeros mandatos (lleva tres), Lula todavía es reconocido por el éxito mundial de su programa “Hambre Cero” a comienzos de siglo.

Luego, el martes 3 de noviembre, se llevará a cabo en Estados Unidos una jornada electoral que funciona como una especie de referéndum sobre la Administración actual. Con tasas de desaprobación por arriba del 60 por ciento, tanto el Partido Demócrata como el presidente republicano competirán por el poco honroso título del “menor de los males”.

Aunque él mismo lo pide, “supongan que estaré en las boletas” y hace alarde de dineros de campaña muy superiores a los de sus opositores, Donald Trump se comporta como un personaje al borde de un ataque de nervios.

La mala percepción popular sobre el estado de la economía, sus fracasos en las guerras de Oriente Medio (Irán y Gaza) y Ucrania lo convierten en personaje de peligrosidad extrema, pues gane o pierda el control del Senado y/o de la Cámara de Representantes, resulta ingenuo suponer que disminuirá su legendaria beligerancia, pues su presidencia concluye hasta el tercer lunes de enero de 2029.

Y luego viene México. Cierto que falta mucho para el primer domingo de junio de 2027 en que se renovarán 17 gobernaturas, todo el Senado y la Cámara de Diputados, pero en los hechos la contienda ha comenzado justo donde más importa: al interior del Partido Morena.

Al estilo que las gran mayoría de elecciones que se llevaron a cabo durante las siete décadas del viejo régimen priista, el momento clave fue la revelación de quienes serán los candidatos del partido del gobierno. En ese terreno, la mayor parte de “expertos” dividen a los ungidos en dos tipos: aquellas figuras cuya lealtad principal es con la presidenta Sheimbaum o quienes responden a la voluntad de López Obrador, su antecesor.

No. “Somos lo mismo”, ha declarado ella. Sin embargo en un país en el que durante siglos la política ensalza la concentración extrema de poder, es de esperarse que algún efecto tendrá la actual ofensiva contra los presuntos vínculos del ex presidente con el narcoterrorismo.

En ese sentido, desde una lógica pragmática, el primer desafío para la coalición gobernante es la toma de distancia con las camarillas mafiosas. El segundo sugiere buscar un mayor alineamiento con la inquilina de Palacio Nacional que con el residente actual de la finca “La Chingada”.

En esa lógica tendría sentido la aparente cesión de 4 posibles gobernaturas al Partido Verde –la pandilla que mejor ha leído el tarot electoral en los últimos cinco sexenios. Como también, hacer a un lado a personajes que, si bien podrían haber jugado un rol importante en la conquista del poder, hoy son un lastre para mantenerlo. La más obvia podría ser la mafia tabasqueña conocida como “La Barredora”.

Después de todo las gobernaturas en disputa representan una tercera parte del padrón electoral del país y difícilmente tendrán un peso definitorio en el hipotético cambio del modelo de presidencialismo extremo que Morena ha restaurado en México.

Aunque las encuestas son de los instrumentos de propaganda política más desprestigiados en el país, lo que hoy perfilan es un escenario en el que ni PAN ni PRI pesarán demasiado en los próximos comicios, por lo que Sheinbaum podría fortalecer sus márgenes de gobernabilidad de cara a la segunda mitad de su mandato.

No debemos olvidar que si bien las jornadas electorales cuentan, casi nunca producen milagros sociales. En ese estricto sentido, en los tres casos en cuestión estamos hablando de democracias patito.

Entender la política que realmente importa es más parecida a la comprensión del desplazamiento de las placas teutónicas: parece lentísimo, hasta que las enormes fuerzas subterráneas (ideológicas, económicas, tecnológicas, morales) terminan de reacomodarse en la superficie. Vale la pena recordarlo hoy que vivimos a la velocidad de la social media y las fábricas de ruido parecen cubrirlo todo.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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