Pase, por favor, ¿quien sigue?
-Muy amable por abrir la segunda caja ¿me da por favor unos cigarros...
-Una disculpa, no vendemos cigarros.
-¿En serio? Qué raro. Bueno, gracias.
Caminando fuera del establecimiento la pregunta es inevitable: ¿Por qué no venderán cigarros aquí? Qué raro que esta “tienda de conveniencia” no venda cigarros si es uno de los grandes negocios de la cadena, pero bueno, allí hay otra tiendita.
-Buenas tardes ¿tiene cigarros marca...
-Buenas tardes, solo tenemos (cigarros) Laredo, responde el dependiente mostrando una expresión de hartazgo mientras apunta a un altero de cajetillas iguales y añade: “Es lo que nos dejan vender estas gentes”.
Su cara refleja impotencia y, a la vez, parece clamar ayuda de manera urgente.
No necesitamos más datos. Está claro lo que pasa en este pequeño pueblo turístico, pasa lo mismo que en muchísimas localidades del México de la 4T: los huecos que deja la ausencia de gobierno federal son llenados por los cárteles.
La abundancia de sujetos jóvenes en motos económicas y cuatrimotos que van y vienen por todo el pueblo nos recuerda y confirma que, efectivamente, existen grandes extensiones de territorio nacional donde gobierno federal no hay, no llega, no existe.
Mientras que todas las mañanas desde Palacio Nacional se niega la ausencia del estado de derecho, en el México real los grupos criminales imponen las reglas hasta en las facetas más cotidianas de las personas, hasta en el fumar.
Las marcas de cigarros que distribuyen estos grupos en muchos pueblos y colonias de México no tienen registro de las autoridades sanitarias, no tienen código de barras, no hay certeza alguna de qué ingredientes están hechos estos cigarros ni si están exentos de sustancias muy tóxicas y prohibidas.
“Si quiere cigarros de otras marcas tiene que salir del pueblo”, me dice el encargado de la tiendita de abarrotes mientras mi mente entiende que me está diciendo: si quiere orden tiene que salir de México.
No, no me voy, porque los que se tienen que ir son otros. No podemos dejarlos que sigan engañando y abandonando a la gente, que protesten cumplir las leyes, pero dejen correr las reglas de los criminales.