Política

Candidatos impresentables

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M+.- Con toda razón se afirma que el verdadero adversario de Morena está en su propia entraña. Óscar Cedillo lo argumentó con claridad en su artículo de ayer en este diario. De cara a la elección del próximo verano, en la que habrán de disputarse 17 gubernaturas, miles de alcaldías y cientos de curules y escaños, el rival principal no es la oposición en sí misma, sino los grupos de poder que anidan en Morena y luchan por apropiarse de las candidaturas. “El riesgo está en los derrotados: aspirantes, gobernadores y grupos desplazados que decidan romper u operar en contra”.

Me parece una descripción acertada de lo que está ocurriendo ahora mismo en la dura rebatiña por las candidaturas. De acuerdo con las últimas encuestas, la intención de voto en favor de Morena triplica la del PAN y supera a toda la oposición sumada (Manuel Buendía para El Universal, lunes 7 de septiembre). Probablemente perderá, una vez más, en bastiones históricos panistas como Querétaro y Aguascalientes; pero, a escala nacional, carece de un rival de peligro. El mayor riesgo en otras entidades reside en que aspirantes populares resulten perdedores en la disputa interna de Morena y decidan postularse bajo una casaca de la oposición.

Algunos opinadores han querido presentar la tensa selección de candidatos como un pulso de poder entre Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum, cada uno de ellos, supuestamente, con candidatos propios y confrontados. Es una lectura de un simplismo absurdo, entre otras razones porque en la mayoría de los casos ni siquiera poseen candidatos claramente alineados.

La mejor explicación sobre este proceso deriva de la afortunada alegoría que Viri Ríos ha divulgado en varios espacios: la presencia de Morena en buena parte del territorio nacional funciona como una especie de franquicia. El movimiento fundado por López Obrador carecía de cuadros suficientes para competir en muchas entidades. Lo que sí tenía era una marca con prestigio nacional, capaz de generar votos entre los sectores populares. Al igual que las franquicias, que se expanden apoyándose en emprendedores locales, Morena creció mediante políticos locales emprendedores: líderes sociales y políticos profesionales de otros partidos que se acercaron al advertir que era un partido ganador. El problema, afirma Viri, es que en muchos casos esas franquicias se otorgaron sin escrúpulos, sólo a quien pudiera atraer más votos.

Dicho de otra manera, la marca se deteriora cuando se otorgan franquicias sin un control mínimo de calidad o con prácticas ajenas al producto que prometen representar. Sería el equivalente a un local de Starbucks que sirviera café instantáneo en polvo en lugar de granos supuestamente seleccionados.

Los grupos regionales de Morena que disputan las candidaturas son resultado de ese proceso. Claudia Sheinbaum intenta ahora restituir mínimos de congruencia con el espíritu de la marca. No lo tiene fácil porque, a diferencia del caso de las franquicias, algunos cuadros locales han tejido alianzas con ejecutivos de la casa matriz, por decirlo así. Otros actores de poder nacional (Adán Augusto López, Ricardo Monreal y Pedro Haces, por mencionar a algunos) buscan ampliar sus márgenes de influencia apoyando a cuadros locales que puedan convertirse en socios políticos. Los gobernadores, por su parte, intentan invariablemente colocar a su delfín: primero buscan “venderlo” a la dirigencia nacional como el único que puede vencer a la oposición y, al mismo tiempo, hacen lo posible por reventar a sus adversarios internos. El problema para Morena es que algunos de esos gobernadores son, a su vez, resultado de una franquicia mal otorgada anteriormente.

Frente a este panorama, no es que la Presidenta cuente con una constelación de candidatos propios para enfrentar a los muchos y poderosos aspirantes de dudosa reputación, con abundantes recursos políticos locales y credencial de Morena. No sólo están en juego las 17 gubernaturas, sino también capitales y alcaldías importantes, así como senadurías y diputaciones del futuro Congreso. Tampoco es que no puedan encontrarse hombres y mujeres de bien en cada entidad, aunque no es sencillo,

sino que, además de serlo, tendrían que ser figuras conocidas y con un mínimo de posibilidades de ganar en las urnas.

En la práctica, lo que está sucediendo es un proceso que varía de entidad a entidad. El criterio fundamental de decisión sigue siendo la encuesta entre toda la población, no sólo dentro de Morena, pero con el poderoso filtro que Sheinbaum ha introducido con mayor énfasis: veto a los impresentables y ponderación de rasgos vinculados a la marca, por decirlo así, como honestidad, capacidad y austeridad. Pero hay límites: resulta imposible otorgar la candidatura a alguien que se ubica demasiado abajo en las encuestas, porque terminaría vencido en la elección final por algún personaje indeseable pero muy popular, rechazado por razones cualitativas.

Hay dos o tres casos en los que Sheinbaum cuenta con un diagnóstico favorable de candidatos que cumplen ambos requisitos. Prácticamente se resuelven solos. Colima, Sinaloa y Campeche no presentan problemas, ni allá donde Morena tiene pocas posibilidades, como es Querétaro. En todos estos casos el candidato ya fue anunciado.

Pero la mayoría de los restantes son más complejos y algunos están envenenados: entidades donde el partido tendrá que elegir entre un candidato del gobernador y otro cercano a caudillos del centro, como Quintana Roo; u otras donde, simplemente, quienes pueden ganar tienen perfiles dudosos como en Chihuahua.

En el fondo, el problema remite a la rapidez con la que Morena asumió el poder y a la insuficiencia de operadores políticos para cubrir, a lo largo del territorio, las posiciones que podía ganar. Por lo pronto, lo único que queda en una primera aproximación para limpiar franquicias es vetar el ascenso de figuras impresentables, elegir entre el menor de los males en algunos casos y atreverse a apostar, al menos en un par de entidades, por candidatos capaces aun cuando ello implique el riesgo de alguna pérdida. Poco más que eso pueden hacer Ariadna Montiel y Citlalli Hernández, mujeres de confianza de Palacio Nacional, con apenas cuatro meses de haber llegado a la dirigencia de Morena. No es desdeñable, pero resulta evidente que se trata de una intervención en gran medida sobre hechos consumados.

La única solución de largo plazo es construir cuadros intermedios, imbuidos del espíritu de la marca y capaces de forjar una reputación local en alcaldías, espacios legislativos y administraciones públicas estatales. Como los semilleros de futbolistas, el partido tendría que darse a la tarea de formar precandidatos para el futuro. De otra manera, seguirá siendo rehén de la caterva de ambiciosos atraídos por una marca ganadora como lo ha sido Morena. Como cualquier franquiciador lo sabe, un éxito mal administrado puede ser la tumba.

Luis M. Morales
Luis M. Morales

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Jorge Zepeda Patterson
  • Jorge Zepeda Patterson
  • Escritor y Periodista, Columnista en Milenio Diario todos los martes y jueves con "Pensándolo bien" / Autor de Amos de Mexico, Los Corruptores, Milena, Muerte Contrarreloj
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