Política

La esperanza de la resurrección

“En el fondo, la Fe no es una certeza absoluta sino una decisión, seguir creyendo, incluso cuando no todo tiene respuesta” así concluía mi anterior participación en este espacio. En el proceso religioso que recién terminó, los católicos conmemoran el proceso pasional por excelencia del culto de la religión católica.

Este inicia  con la persecución, detención, juicio y sentencia de un pensamiento, una idea de humanidad, en el que toda esta liturgia concluye con la resurrección del Mesías, es la esperanza de los creyentes, que confían en que con ese sacrificio se logrará alcanzar la vida eterna. Es todo un proceso de fe para llegar a la recompensa de la vida eterna, de encontrar el sentido de la palabra, de la promesa. El renacer del hombre en el espíritu de la religión.

Llegar a este punto, efectivamente requiere de un proceso largo de paciencia y esperanza.

Y es justo cuando el sentido de la esperanza se observa como un punto de partida para que los creyentes mantengan la fuerza, la fe, la creencia en la vida eterna, de un mañana lleno de abundancia y felicidad: el paraíso.

Todo ello viene a cuenta porque en la realidad se aparecen de cuando en cuando mensajeros que convocan a la conquista de paraísos terrenales, en el que sólo se requieren obediencia y silencio, en el que el adhesivo que amalgama las voluntades de los seguidores es la esperanza, el sueño de imaginar una vida mejor. Entendida esta como la fuerza interior que impulsa a seguir adelante, pensando que un mañana mejor es posible, independientemente de las posibilidades reales que se tengan, esta nos proporciona energía, sentido y dirección hacía el camino que queremos andar.

Es la fuerza que nos impulsa a llegar, a seguir adelante.

Es posible que sea un grillete que nos ata a una promesa, nos condiciona a una pasividad destructiva del espíritu, pues no permite a las personas pensar en alternativas distintas, ya que la idea de que todo mejorará, por el simple hecho de creerlo, puede mantener al hombre en una situación estática, inmóvil, pasiva.

Esta reflexión me lleva a pensar en nuestro México, que frente al desastre que atestiguamos, aspiramos a la resurrección de lo que algún día fuimos como nación, en la que debemos de elegir la forma de la esperanza que nos libera: la esperanza contemplativa, o la activa, que nos compromete.

Cada quien toma su decisión.

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Carolina Monroy
  • Carolina Monroy
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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