¿Cómo medir la violencia? La forma más común es con base en la tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes. En 1934, la tasa de homicidios en nuestro país era del orden de 40 por cada 100 mil habitantes: una cifra que, tras la hecatombe de la Revolución, parecía una bendición en México. A partir de entonces, sin embargo, la tasa, en vez de seguir su tendencia a la baja, comenzó a subir, y a subir. En 1937 había tenido un incremento de 50 por ciento, era ya del orden de 60 por cada 100 mil habitantes, y en 1940 subió de nuevo, hasta llegar a 68 homicidios por cada 100 mil habitantes. México no había tenido un periodo tan violento desde la Cristiada. Coincidió con el gobierno del general Lázaro Cárdenas. ¿Qué pasó? Uno de los factores que lo explican es, sin duda, el conflicto que provocó en el campo la reforma agraria.
A partir de 1940, la tasa de homicidios empezó a descender rápidamente, al dar comienzo el sexenio conciliador de Manuel Ávila Camacho. Cuando terminó su gobierno, la tasa era ya de 48 por cada 100 mil habitantes, muy lejos de los niveles alcanzados en tiempos de Cárdenas. La tendencia siguió a la baja en los años y los lustros por venir. Con Miguel Alemán, la tasa de homicidios descendió de 48 a 38. Y así sucesivamente: bajó a 31 en 1958, a 22 en 1964 y a 10 en 1970. La tasa de homicidios en el país, de hecho, nunca había sido tan baja como lo fue al final de los 60, al terminar el sexenio del presidente Gustavo Díaz Ordaz (cuyo gobierno, de manera irónica, es ahora recordado por la sangre y la represión de Tlatelolco). La tasa de homicidios subió de nuevo en el país a partir de 1970, hasta llegar a cerca de 20 por cada 100 mil habitantes: fueron los años de la guerrilla y de la represión, los años del presidente Luis Echeverría. La violencia permaneció en ese rango a lo largo del sexenio de José López Portillo, hasta 1982. Subió entonces, poco a poco, por arriba de los 20 por cada 100 mil habitantes durante los años de la crisis en la década de los 80 pero, a partir de 1992, comenzó a bajar de nuevo —a bajar y bajar, a pesar del levantamiento en Chiapas y el asesinato de Luis Donaldo Colosio, y a pesar de la crisis que golpeó al país en 1995, una de las más brutales en la historia de México.
La tasa de homicidios siguió a la baja en México durante el año de la alternancia (2000) y continuó a la baja hasta que, en 2007, por primera vez fue menor a 10 homicidios por cada 100 mil habitantes. Ese año, el presidente Felipe Calderón declaró la guerra contra el crimen organizado en México. Y la tasa comenzó a subir de nuevo, hasta llegar en 2011 a 23 homicidios por cada 100 mil habitantes.
A partir de 2011, volvió a bajar. Pero desde 2015, la tasa de homicidios no ha dejado de subir en México. Alcanzó su nivel más alto en 2018, con 29 homicidios por cada 100 mil habitantes. Este año será peor. El presidente Andrés Manuel López Obrador heredó esta tragedia. Sabemos que no la puede resolver en un minuto. Pero le podemos exigir, en cambio, decisiones y acciones que vayan en ese sentido. No las ha mostrado. Al contrario: ha desmantelado a la Policía Federal y ha dedicado a la Guardia Nacional a reprimir a los que huyen de la violencia en Centroamérica.
Investigador de la UNAM (Cialc)
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