Política

El futbol (I)

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Los juegos de pelota han sido practicados desde hace siglos en todos los rincones del planeta, en lugares tan apartados como Mesoamérica, Europa y Asia. Los chinos de la dinastía Han, 200 años antes de Cristo, disfrutaban un juego llamado Tzu Chu, descrito en un libro de texto para militares con estas palabras: “Tzu debe patear, Chu es la pelota de cuero”. Los japoneses jugaban algo llamado Kemari, que consistía en pasar ceremoniosamente la pelota los unos a los otros, en un terreno de 14 metros cuadrados que tenía un árbol diferente en cada uno de sus ángulos: un cerezo, un arce, un pino y un sauce. Los griegos trataban de rebasar una línea imaginaria con una vejiga de res inflada en un juego llamado Episkirios, como lo muestran los bajorrelieves reproducidos por Alfred Wahl en el libro Historia del futbol. Los romanos practicaban un juego de pelota similar llamado Harpastum, que gracias a sus conquistas extendieron a lo largo del Imperio. En México, antes que todos ellos, los olmecas ya jugaban a la pelota —una esfera de hule vulcanizado que surgió, aquí, hace más de tres mil años. La pelota que bota. Junto con la vainilla y el chocolate, escribió Juan Villoro, ha sido nuestra mayor contribución a la alegría.

Regiones muy diversas en Europa tenían su juego de pelota durante la Edad Media. En Bretaña y Picardía era común el Soule, que jugaban los jóvenes de dos pueblos vecinos y consistía en desplazar al terreno contrario una especie de balón relleno de heno llamado, precisamente, soule. Durante el Renacimiento apareció en Bolonia y Florencia un juego muy popular: el Calcio. Los partidos más importantes tenían lugar en Florencia, en la Plaza de la Señoría, aunque la mayoría de las veces eran celebrados en el campo, en un terreno pequeño y delimitado, con porterías sin travesaño en el fondo. Los equipos tenían quince jugadores por bando: ocho delanteros, dos medios, cuatro zagueros y un portero. Muy parecido al futbol, salvo por un detalle, que sería fundamental: en él era posible utilizar tanto los pies como las manos. (Los italianos llaman hoy al futbol, todavía, con el nombre de calcio, y su federación nacional ostenta el título de Federazione Italiana di Gioco di Calcio.)

Inglaterra fue donde tuvieron más éxito los juegos de pelota, herederos del Soule que llevaron consigo los normandos que siguieron a Guillermo el Conquistador. Eran juegos salvajes, en los que la pelota cruzaba montañas y ríos para llegar al terreno del adversario. Shakespeare, en una escena de King Lear, se refiere (con desprecio) al footballer. La monarquía prohibía, bajo pena de prisión, la práctica de aquel juego de pelota primitivo y bárbaro que había sido heredado de los normandos. Pero en 1681, el Conde de Albermale regresó a la Gran Bretaña entusiasmado con el Calcio que había visto en la Toscana. Fue tanta su insistencia que Carlos II accedió a celebrar un juego bajo nuevas reglas, vistas entonces por primera vez en Inglaterra. En un campo de 120 metros de largo por 80 de ancho fueron clavados dos postes —que llamaron goal (meta)— por donde debía ser introducida la pelota. Perdió el equipo del Rey, que tuvo que pagar 10 escudos de oro por la derrota, pero él mismo quedó tan contento con el nuevo deporte que levantó la prohibición que existía en el Reino Unido. Ese juego de pelota, mezcla del Soule y del Calcio, fue llamado Foot (pie) y Ball (pelota).


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Carlos Tello Díaz
  • Carlos Tello Díaz
  • Narrador, ensayista y cronista. Estudió Filosofía y Letras en el Balliol College de la Universidad de Oxford, y Relaciones Internacionales en el Trinity College de la Universidad de Cambridge. Ha sido investigador y profesor en las universidades de Cambridge (1998), Harvard (2000) y La Sorbona. Obtuvo el Egerton Prize 1979 y la Medalla Alonso de León al Mérito Histórico. Premio Mazatlán de Literatura 2016 por Porfirio Díaz, su vida y su tiempo / Escribe todos los miércoles jueves su columna Carta de viaje
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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