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Martes , 23.04.2019 / 00:02 Hoy

Al Derecho

Reminiscencias

Carlos A. Sepúlveda Valle

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En junio del 2016 se celebró el referéndum para que el pueblo británico decidiera si quería que el Reino Unido siguiera perteneciendo o no a la Unión Europea. El 51.8% votó a favor de que Gran Bretaña (Inglaterra, Escocia y Gales) e Irlanda del Norte salieran de la Unión Europea, proceso conocido con el término Brexit.

Desde entonces se ha estado negociando las condiciones de la separación que iba a ser efectiva a partir del 29 de marzo del 2019, pero las propuestas que la señora Theresa May ha presentado al Parlamento han sido rechazadas por diputados de la oposición y de su propio partido, lo que ha generado enorme incertidumbre pues pareciera que ese consenso para definir el mecanismo de salida no se ha alcanzado porque no se tienen ideas precisas sobre lo que realmente se quiere, y suponiendo que existieran, no se toma en cuenta la realidad ni la viabilidad de que esas condiciones sean aceptadas por las instituciones europeas.

El caos que se ha producido en la gestión del Brexit contrasta mucho con el respeto y admiración que siempre han tenido el pueblo inglés y sus instituciones políticas. Muestras de ese reconocimiento se expresan en algunos pasajes del libro que contiene una recapitulación de artículos y notas de los veinticinco años de vida (1911-1936) del periódico español El Debate.

Leer la visión que entonces se tenía de esa nación y lo que se pensaba del pueblo inglés es algo más que una reminiscencia, en 1915 se reconocía que Inglaterra era antagónica de España, que la victoria de aquélla sería esclavitud de ésta, que ambos países eran encontrados y diametralmente contradictorios sus intereses, y que una aproximación, acuerdo o entente entre ambas no cabía traducirse más que en la supeditación de España a Inglaterra.

Sobre la filosofía del buen sentido se escribió en 1924: “en la política suele con excesiva frecuencia la pasión oscurecer las inteligencias más preclaras. Con acierto se ha dicho que la filosofía del pueblo inglés es la filosofía del buen sentido, y que en gran parte los éxitos políticos de Inglaterra se deben a la serenidad de espíritu y a la ausencia de pasión con que se enfoca los problemas políticos”.

Quizá la idea que mejor definía al pueblo británico y que seguramente era la visión que entonces (1929) predominaba en el mundo se sustentaba en que “Inglaterra es políticamente el pueblo sabio y prudente por antonomasia. Su vida política es un libro abierto a todo el que quiera aprender la difícil ciencia de gobernar”.

Al comentar una conferencia de sir John Simon en París en 1935 se dijo: “Cualidades del pueblo inglés, falta de lógica, desprecio del formalismo, gran respeto a las lecciones del pasado, profundo sentido de las realidades, y, sobre todo, una gran moderación por la que nadie reclama la satisfacción estricta y literal de sus derechos cuando a ello se opone el sentido común”.

Al hablar sobre los festejos jubilares en el reinado de Jorge V (1935) entre otras cosas se decía que en casi todos los discursos, a la par que la gratitud del Cielo, se expresó un sentimiento de orgullo legítimo por la solidez de unas instituciones y unos sistemas que han sabido resistir, que se han adaptado a los cambios sociales al mismo tiempo que los de otros muchos países sucumbían.

Se hace notar que esas solemnidades se celebraban bajo la sombra del pasado, que nada se había perdido, ni siquiera los símbolos, ya que el “speaker” habla con manto y peluca; el lord canciller viste, al leer su discurso, el traje de hace siglos y la sala en que hablan “en el poderoso corazón del Imperio” data de hace centurias.

En ese artículo del periódico El Debate se reproducen las palabras que el rey Jorge V expresó sobre la Constitución (no escrita) de Inglaterra, “Nuestra constitución no es el descubrimiento de una sola época, mucho menos de un solo partido o una sola persona. Es la lenta producción de cientos de años, el producto de la paciencia, la tradición y la experiencia, en la busca de cauces viejos y nuevos hacia la libertad, la justicia y el mejoramiento social inherente a nuestro pueblo desde las edades remotas”.

Al justificar porque se insistía en estudiar a Inglaterra, se afirma, porque quizás ninguna historia será más fecunda en enseñanzas, porque las cualidades británicas son las menos frecuentes en nuestras latitudes y al mismo tiempo las más necesarias para el arte de gobernar.

El buen sentido, serenidad de espíritu, ausencia de pasión, prudencia, sentido común, moderación y profundo sentido de la realidad del pueblo inglés, y sus instituciones políticas como ejemplo del arte de gobierno son una reminiscencia, ese pasado glorioso no se corresponde con el presente. Como hacen falta algunas de esas virtudes.

csepulveda108@gmail.com


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