Política

La simulación del parlamento abierto

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En el papel, un ejercicio de parlamento abierto debería servir para discutir aspectos técnicos y políticos de cualquier iniciativa de reforma. Y en el papel, esa discusión debería influir en el destino de la iniciativa. Podría retirarse, modificarse o seguir el camino como llegó. Pero ese destino debería estar justificado por lo escuchado en esas sesiones donde, se supone, se invitaron a muchos sectores con diferentes visiones. El parlamento abierto, en el papel, es un ejercicio democrático que importa porque influye. Porque así se construirían mejores leyes.

En México ha sucedido, como con tantas cosas en nuestra vida pública y en particular en la política, que los parlamentos abiertos se han convertido en una simulación, en un espectáculo de fuegos artificiales que nomás se apagan, todo sigue igual y permitirá a los legisladores hacerse pasar como parte de un cuerpo deliberativo. Es en los parlamentos abiertos donde las iniciativas, de quien vengan, son analizadas y debatidas. No aquí.

El parlamento fue una tribuna de toma de posiciones, lo cual no está mal si solo incluye a los invitados, de eso se trata, de que cada uno exponga, sino también de los legisladores, tanto en la manera en que armaron los foros como en lo que decían (a veces en el recinto, la mayoría de las veces afuera de él).

Algunos de ellos ya han anunciado su intención de hacer giras para promover la reforma tal y como la mandó su líder, porque de eso se trata.

Así que cada uno va al foro, dice sus cosas, dice sus mentiras, hace sus llamados y exhortos, insulta y calumnia a quien quiere —lamentable en esto la presentación que llenó de adjetivos sin prueba a quienes se oponen a la reforma— y poco más de sustancia. Todo un show.

Porque sabemos que los cambios a la reforma —si es que los hay antes de los votos que importan— vendrán de negociaciones privadas y secretas entre los líderes verdaderos de Morena y los actores en el sistema eléctrico nacional, con la presión de la CFE de Bartlett para que se haga lo que él quiera. Y sabemos que en Morena votarán como le ordenen, según lo que quede de esas negociaciones.

Porque ya valdría darnos cuenta de que el asunto de la reforma es político. Es para levantar una bandera, nada que ver con kilowatts o precios o energías limpias o sucias o precios al consumidor o… Es una bandera para hacer campaña, porque en estos tiempos siempre todos están en campaña.

Carlos Puig

@puigcarlos


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  • carlos.puig@milenio.com
  • Periodista. Milenio TV, Milenio Diario y digital, de lunes a viernes. Escucho asicomosuena.mx todo el tiempo.
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