Hace bien la presidenta Claudia Sheinbaum en no engancharse con Donald Trump para discutir la autoría intelectual de la captura de El Mencho.
México no puede, no debe ni tendría por qué recurrir a pretextos ideológicos para dejar de cumplir sus responsabilidades internacionales.
Pese al discurso de la “soberanía”, se ha tenido que ceder ante las presiones estadunidenses, así sea de manera involuntaria.
Andrés Manuel López Obrador tuvo que apechugar el secuestro transnacional de El Mayo Zambada contra los postulados constitucionales y Sheinbaum ha sido persuadida de entregar a ese país a 92 capos de la narcoalcurnia mexicana.
Después de intentar disimular la operación del FBI en territorio nacional para capturar a un prófugo canadiense, todo indica, como detalló ayer Héctor Aguilar Camín en estas páginas, que no podía desatender la información sobre El Mencho que le dio al Ejército mexicano la recién creada Fuerza Operativa Unida Interagencias contra los Cárteles del Comando Norte del renombrado Departamento de Guerra estadunidense.
Supongo que la Presidenta hubiera preferido seguir su estrategia “de cuatro ejes” contra la inseguridad en vez de ir contra el temible delincuente, porque la banda Jalisco Nueva Generación creó una red narcopolítica de gran calado, señaladamente en centro y sur del territorio nacional (sobre todo en Jalisco, Michoacán y Guanajuato), y constituye parte importante de la sustentación electoral del morenato en los niveles municipales y estatales.
Pegarle a El Mencho es pegarle al oficialismo cooptado por la delincuencia, pero las presiones de Trump —acentuadas en las semanas recientes— terminaron imponiéndose.
Habría que revalorar si Sheinbaum ha modificado, o no, la estrategia contra el crimen heredada de AMLO.
Lo cierto es que para una operación de guerra como la del domingo, a la Presidenta y al Ejército no les quedaba de otra.
Reconocida por Sheinbaum, la “colaboración” se dio de manera directa con la Secretaría de la Defensa Nacional —ninguna otra del gabinete de seguridad—, lo que significa que la institución goza de la plena confianza de su poderoso equivalente gringo.
De ahí que el general secretario Ricardo Trevilla Trejo dijera el lunes:
“Es doctrinario, es un axioma de las operaciones militares que realizan las fuerzas armadas de todo el mundo, que quien ejecuta la operación es quien la debe de planear. En este caso fue el personal de Fuerzas Especiales y personal de la Fuerza Especial de Reacción Inmediata de la Guardia Nacional quien planeó la operación”.
El Departamento de Guerra y la CIA le habrían planteado que estaban dadas las condiciones para capturar a El Mencho, pero el operativo debía realizarse de inmediato, en un tiempo perentorio y en el más absoluto secreto.
Y el divisionario tomó la decisión.
Imaginar que no lo hiciera, habría generado en el gobierno de Trump y los medios estadunidenses peores embestidas contra México, acusando colusión y volviendo a amenazar con la incursión de tropas a suelo mexicano…