Política

IA: la nueva torre de Babel

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  • IA: la nueva torre de Babel
  • Carlos Iván Moreno Arellano

La encíclica Magnifica Humanitas, del Papa León XIV, confirma que la inteligencia artificial dejó de ser un asunto tecnológico. Es moral, político y profundamente humano. El Papa recurre a una imagen poderosa: la torre de Babel. Aquella construcción nacida de la soberbia de creer que la técnica podía unificarlo todo y llevar a la humanidad hasta el cielo. La advertencia trasciende lo religioso. Es civilizatoria.

La IA despierta hoy una tentación parecida. La idea de que el progreso consiste en optimizarlo todo: reducir el error, acelerar decisiones y eliminar la incertidumbre. Pero la condición humana no es sólo cálculo, eficiencia o rendimiento. Es propósito, límite, sentido de duda. De esa incertidumbre nació buena parte del progreso humano. Porque no podemos solos, creamos instituciones; porque somos frágiles, aprendimos a cuidarnos.

La advertencia llega en un momento decisivo. La IA no sólo está transformando el trabajo, la educación o la política. También está concentrando riqueza, poder y conocimiento en unas cuantas empresas capaces de controlar datos, infraestructura y capacidades tecnológicas a una escala sin precedentes. El riesgo no es menor: cuando la eficiencia se vuelve el criterio supremo, la desigualdad deja de ser un problema social y comienza a justificarse como una consecuencia “natural” de la innovación.

La IA puede ampliar capacidades, liberar tiempo, apoyar aprendizajes y abrir enormes oportunidades. El problema comienza cuando su lógica se convierte en destino. Cuando creemos que toda pregunta compleja merece una respuesta instantánea. Cuando olvidamos que muchas veces las respuestas rápidas empobrecen las preguntas que nos hicieron crecer como civilización.

Por eso la educación ocupa un lugar central en la encíclica. Educar no es entrenar para el trabajo. Es cultivar la paciencia, el diálogo y el sentido de responsabilidad. Es privilegiar la reflexión por sobre la optimización y ser antídoto frente a la arrogancia. La facultad de equivocarnos no debe verse como problema que la tecnología debe corregir. Es lo que nos hace humanos.

Si pretendemos reducir la experiencia humana a datos, predicciones y eficiencia, estamos frente a la nueva torre de Babel: no una señal de progreso, sino de soberbia disfrazada de futuro.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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