Antes de que otra cosa suceda quiero decir que la columna de hoy fue escrita hace 1,297 años, pero no fue publicada por azares del destino. Lo digo para que no vaya a salir algún gandaya que pretenda pasarse de listo y quiera hacer caravana con sombrero ajeno.
Esta idea no habría sido posible sin el encomiable ejemplo de Yasmín Esquivel, quien nos ha enseñado que más vale anticiparse a cualquier treta de la vida, digamos para evitar el arte de la carranceada. Quién iba a decir que vendría de la más profunda simpatía cuatroteísta una lección de tales alturas.
El personaje en cuestión no solo ha puesto el dedo en la llaga de un México que duele con la tradición del copy paste sino, además, en su afán de erigirse en paladina de la justicia, señala a los que osan tildarla de no ser la autora de su tesis de licenciatura, esgrimiendo la discriminación por género como coartada.
Pero, además, si se comprueba que el plagio es real, la licenciada “pidata” habrá legado a la humanidad otro aprendizaje: la chambonada como forma de la defensa inútil y boba. Porque lo único que ha hecho a partir de que saliera a la luz el tema es argumentar absurdamente en su defensa.
Como era de esperarse, el que también ha salido a poner su dosis de ruido es Andrés López, quien ha definido la cuestión como una “anomalía” y algo en lo que hay muchas coincidencias. No, pues sí, con cinco tesis apuntando en la misma dirección temática y de contenido algo extraño está pasando.
Al parecer nadie es capaz de darse cuenta que el oficio del remake es una habilidad blanda que debe cultivarse en las escuelas, y que busca impedir a toda costa que los temas de investigación se agoten al reciclarlos y limitar el campo de acción de los tesistas.
Porque, qué tal si en vez de producir conocimiento útil y original los estudiantes terminan haciendo una batea de babas con información basura, que nada más hará perder el tiempo al sínodo, a las universidades y a la propia sociedad.
Claro, como en todo hay riesgos, quizá el más latente es que una vez que los pasantes hayan brincado la tranca que implica licenciarse, terminen creyendo que la vida es así de simple y acaben buscando encabezar el poder perjudicial de la nación.
Lo cierto es que habrá que esperar el dictamen de la UNAM para saber lo que hay detrás del escándalo. Y para comprobar, una vez más, que la verdad es como la mierda en el océano, que siempre sale a flote.
Carlos Gutiérrez
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