Cultura

Kondo-obsesión

Me parecía una alternativa estupenda, casi ideal. Para alguien cuya necedad por el control raya en el límite, saber que había quien se dedicaba a profesionalizar el TOC era todo un suceso digno de celebrarse. La magia del orden era el gran descubrimiento literario y Marie Kondo su creadora. Método, técnica, estructura, proceso, idea, todo lo que un obseso y compulsivo del orden desea en esta vida. La idea se extendió por doquier, con el tema de moda y la personalidad que estaba en boca de muchos. El problema reside en que alguien preocupado por el orden de las cosas lo que menos requiere es un método para controlar lo que tiene a su alrededor. Quizá a eso se deba el desinterés que, al menos en quien esto escribe, generó la Kondo-ocurrencia. A eso y a la ñoñez con que fue vendido en “Nesflis” el concepto, tan carente de interés, de ritmo y de emoción. Y no es que la japonesilla en cuestión no sepa del tema o carezca de elementos para estimular a la gente a ser consciente del caos en el que vive.

Pero tengo claro que no a todos les viene igual de bien y que en todo caso debería haber un KonMari, como se llama su alucine, especializado para miembros militantes del TOC. Seres ideáticos con maestría en limpieza de cocina a profundidad y doctorado en doblez de ropa. Y aunque esa es un área de oportunidad para la tal Mari, no estaría de más ampliar los horizontes y aplicar el dichoso asunto a todo en la vida, sobre todo la pública. Si bien es cierto que las calles son del mundo entero, queda claro que el desastre imperante se debe en gran medida a la cooperación de cada unos de los que le pueblan, ya sea por instantes, horas o días. En este sentido propongo el KonMari para organizar las vialidades, sus espacios y conductas. Que se empiece por poner orden en las banquetas limpiándolas del mugrerío que hay, lo que incluye guacales, cestos, cajas, cubetas y demás sandeces para apartar lugares de estacionamiento. Que se mande al averno la brutal cantidad de autos abandonados en las calles, que se delatan por la capa protectora de mugre que les va acumulando el olvido y que contribuyen a contaminar el entorno.

En su calidad de bienes mostrencos deberían ser confinados a un corralón, a no ser que sus dueños se acuerden que dejaron su porquería aventada por ahí. Que se encarguen de las luminarias sin el argumento de la falta de presupuesto municipal para refacciones, de baches bien tapados en el asfalto, jardines cuidados (sin pretextar falta de gasolina para la poda), paredes sin grafiti, postes sin pegotes publicitarios, semáforos funcionando y señalética en orden. No es mucho pedir. Aunque dadas las cosas podría indicar, uno, que la miseria urbana es extensión de la casera. O que importa un bledo que las calles sean un chiquero. Y en ambos casos resulta bienvenida la intervención de la Kondo

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Carlos Gutiérrez
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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