Cultura

Bucaneros

Los medios lo señalan con precisión. Como diría La Santanera, lo saben, lo saben. La euforia por el fútbol del verano en cualquiera de las sedes es poca, por no decir nula. Y de eso dan cuenta quienes cubren el tema. Fuera de la “ajolotización” en que se había convertido la Ciudad de México, el evento nomás no pinta, ya no digamos de verde, de ningún color, mucho menos el morado que tanto quisieron imponer en las calles de la capirucha.

Pero a pesar del letargo de la raza, hay un secreto a voces y es el descontrol que se percibe en las calles del país a partir del mundialito. La piratería ha tomado por asalto la vía pública. Ya sea con playeras o mercancía diversa alusiva al evento, los colores del patrioterismo se hacen presentes y, como diría el desafortunado clásico, nadie hace nada. Por doquier es notoria la presencia de vendedores y será cuestión de tiempo para que la demanda se haga presente.

Es increíble el potencial que tiene la industria falsificadora para hacer de las suyas. Sin dudar en absoluto, si la nación en sus áreas sustanciales tuviera la determinación de la banda filibustera otro gallo nos cantaría, porque su eficacia está más que comprobada. Aunque entiendo que ocurre con la complicidad de quienes deberían poner orden y evitar su proliferación. Y con la garantía que da que el mercado les brinde certidumbre al adquirir sus productos gracias a la coyuntura deportiva. Pero llega un punto en que más que excesiva raya en el insulto.

Se suele decir que la piratería no es tanto un problema de precio, sino de servicio. Tengo mis dudas en el caso del tricolor y la euforia pambolera. Supongo que la predilección de la banda tenochca por la adquisición de mercancía apócrifa se debe en parte al costo que implica manifestar la afición, particularmente a través de la playera. Pero también a la brevedad de no más de unas semanas que sugiere la moda y que, como cualquier asunto fugaz, no precisa de grandes gastos para colocar a su poseedor en la inercia.

Como quiera que sea, el tufo a pambol no llega del todo. Habrá que hacer caso a los loritos de las televisoras, especialmente a los que no tienen acceso a la transmisión de los partidos, de que el espíritu llegará con las horas previas y posteriores a la inauguración. Eso suponiendo, sin conceder, que ocurra. Porque en una de esas durará menos que los 13 partidos en territorio nacional. Y si la “Salación” Nacional hace lo que sabe hacer, o sea, bailar las calmadas, el ambiente difícilmente acabará por notarse.


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Carlos Gutiérrez
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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