Política

El futbol y las reglas democráticas

Dos partidos de futbol sirven para hablar de política y democracia. Atlas vs. Chivas, el clásico más mexicano y más antiguo de México. La polémica giró en torno al arbitraje. Para los rojinegros, el árbitro se equivocó al marcar dos penales a favor de Chivas y al omitir uno para su equipo; para los rojiblancos, las jugadas –aunque rigoristas– fueron correctamente sancionadas.

La historia terminó mal. El árbitro fue amenazado de muerte afuera de su hotel y tuvo que solicitar cambio de sede. En los minutos finales del partido, la tribuna también reveló sus propias pasiones: mientras la afición del Atlas reclamaba cada minuto perdido y exigía que se aplicara el reglamento con rigor, la de Chivas pedía a sus jugadores consumir tiempo para asegurar el resultado.

En otra latitud, Cruzeiro se enfrentó al Atlético Mineiro en Brasil. El partido terminó en una batalla campal. Un video viral –reprobable– muestra a jugadores, porteros, cuerpo técnico y agentes de seguridad involucrados en la trifulca. El árbitro expulsó a 23 jugadores: el encuentro con más expulsiones en la historia del futbol brasileño. “Hulk”, figura emblemática del futbol de ese país, declaró después que había advertido al árbitro que debía poner límites antes de que el partido se saliera de control.

De estos episodios pueden extraerse tres lecciones para la sociedad y la democracia. La primera es el papel fundamental del árbitro y su criterio. El árbitro es la balanza entre pasiones sociales, políticas o deportivas. Debe leer el juego, aplicar las reglas con equidad, anticiparse a los conflictos y fijar límites a tiempo, respaldado por las normas y por la autoridad moral para hacerlas valer.

La segunda es la responsabilidad de los jugadores. Ellos deben ser los primeros en ser leales al juego. Cuando la polarización y la violencia nacen desde dentro de la cancha, es más fácil que se trasladen a la tribuna o a la calle. En democracia ocurre lo mismo: la lealtad democrática de los actores políticos es indispensable.

La tercera es el papel del aficionado, del ciudadano. La pasión –deportiva o política– nunca debe desembocar en violencia. Pero también es deseable que el aficionado sea leal al juego, que no aplauda la trampa, aunque la cometa su equipo, y que acepte el resultado, cualquiera que sea. El futbol, al final, también refleja nuestras tensiones políticas y sociales. A veces, incluso, permite entender mejor las reglas invisibles de la democracia.


Google news logo
Síguenos en
Carlos Aguirre
  • Carlos Aguirre
  • Consejero electoral del IEPC Jalisco
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.