Política

Gracias por el ruido

El poder no siempre grita. A veces basta con que una aprenda a hablar más bajo. No hay una orden, no hay censura visible. Empieza con una duda: cómo lo van a leer, quién se va a incomodar, hasta dónde conviene decir. Y la frase se ajusta, se adelgaza, se vuelve más prudente. A veces se publica distinta, a veces ya no se dice.

Con el tiempo, a eso se le llama madurez, criterio, cuidado. Y por eso cuesta verlo: no se siente como una renuncia, sino como una decisión razonable, que se parece demasiado a la prudencia.

Ese cálculo ocurre todos los días en redes, pero en el periodismo pesa distinto. No es solo incomodidad: es aprender, sin que nadie lo diga, hasta dónde se puede llegar.

En el derecho tiene nombre: efecto desalentador o chilling effect. No prohíbe, pero genera condiciones en las que hablar cuesta más que callar. Leyes vagas (“ofender”, “denigrar”) bastan para que nadie tenga claro el límite. No hace falta sancionar: basta el riesgo, basta ver a alguien enfrentar años de litigio para que otros bajen el tono.

La Suprema Corte lo ha dicho: la libertad de expresión no es solo de quien habla, también de quien escucha. Sin esa circulación, la discusión pública se empobrece; pero las sentencias son papel, y la realidad en México es de plomo.

Desde el año 2000, más de ciento setenta periodistas han sido asesinados en posible relación con su trabajo. La mayoría de los casos sigue impune; lo que significa que ya no es solo violencia, sino mensaje.

Mis amigos y amigas periodistas viven con eso. Miran lo que otros prefieren no ver, insisten cuando algo no cuadra; no tienen una forma tranquila de hacer su trabajo. Y a ese riesgo se suma otro: demandas que no buscan ganar, sino cansar, con procesos largos y desgaste. No prohíben, agotan; y logran que lo que debía decirse, no se diga.

La libertad de prensa no desaparece de golpe; se achica. El periódico sigue, la pantalla sigue, pero el margen se estrecha.

El 3 de mayo fue el Día Mundial de la Libertad de Prensa. Podría quedarme en la efeméride, pero prefiero mirar a quienes no han aprendido a callarse. A quienes sostienen este espacio: Milenio Hidalgo y entienden que su responsabilidad no es con la prudencia, sino con decir.

Gracias por el ruido, porque mientras alguien no baje la voz, los demás no olvidamos cómo suena la nuestra.


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Bertha Orozco
  • Bertha Orozco
  • Jueza de Distrito en el Estado de Hidalgo
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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