La elección para la gubernatura no solo se juega en las campañas sino en las estructuras de cada coalición electoral. Se van a movilizar los aparatos de cada contendiente, van hacer valer sus zonas de influencia, se van a alistar los militantes, sea para la defensa o cooptación del voto. Presionarán al árbitro para que los legitime. Cada conformación creará una compleja red de información y monitoreo para dar seguimiento a más de 20 mil casillas, tarea nada sencilla, y contar con botones de alerta para advertir y comunicar anomalías e intentos de fraude.
Dependiendo del nivel de participación electoral, el número clave para lograr una victoria contundente será de 3.5 millones de votos. Por ello, desde hace meses, los contendientes alistan sus pecunios, lícitos e ilícitos, para afrontar una de las elecciones más competidas en la historia de la entidad.
Eric Sevilla, presidente del comité directivo estatal del PRI, hacía cuentas alegres. Estimó que el PRI puede aportar 2 millones de sufragios, mientras que el PAN había prometido un millón de votos, por su parte, esperaba que el PRD contribuiría con 400 mil votos y Nueva Alianza con 300 mil. La realidad no checa, pues el PRI en el 2017 apenas alcanzó 1 millón 700 mil votos y en 2021 totalizó 1 millón 600 mil. El PAN si bien se recuperó de las desastrosas cifras alcanzadas por Josefina Vázquez Mota en 2017, alcanzó apenas arriba de 800 mil votos en 2021.
Morena, por su parte, desde 2015 tiene una trayectoria al alza. Obtuvo más votos que el PRI en 2017 en su primera incursión por la gubernatura. Bajó en las elecciones intermedias del 2021, pero conservó los municipios más poblados. Delfina Gómez está abrigada por el presidente López Obrador, apoyada por gobernadores morenistas, en especial de la jefa de gobierno de CdMx, Claudia Sheinbaum.
El PRI está posicionado en el Valle de Toluca, zona rural y en el explosivo sur del Estado. Mientras que Morena tiene el norte y el oriente de la entidad. Sevilla presume tener 75 mil militantes priistas y más de 100 operadores políticos. Morena en cambio, sigue siendo un movimiento social más que un partido. Su militancia, bien aguerrida, es muy heterogénea.
Los tambores electorales resuenan, es hora de la guerra de las estructuras de cada coalición. Los aparatos defenderán y disputarán los votos por las buenas o por las malas.