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Transformación cultural

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Tatiana lavó los platos del desayuno; a media tarde sacó la basura y cambió las bolsas en los cestos; por la noche cambió el agua a las mascotas y barrió el patio. Cada semana procura realizar una actividad que aminore la carga laboral de sus padres y abuela. A manera de agradecimiento, sus padres le obsequian cinco pesos o la llevan a la tienda por una golosina. En días pasados, al cruzarse por la panadería de la cuadra, se percataron que en la entrada habían colocado un anuncio, “ya tenemos pan de muerto”, a lo que su madre rezongó con la expresión -¡Pero si ni noviembre es!-.

El calendario agrícola correspondió, tanto en la Europa medieval como en el México prehispánico, en la guía para confeccionar una alimentación y preservar reservas para las épocas difíciles. Sin embargo, la vida moderna ya no observa dichos cambios; la ingeniería y la industria se encargaron de mantener abastecidos los mercados con frutas y verduras de todas las temporadas, por lo tanto, ya no debemos esperar hasta la primavera o el verano para degustar un mango con chile y limón. Este fenómeno ha acarreado un cambio en el modelo social de la alimentación mexicana. Pero no malinterpreten esta idea, simplemente hacemos referencia a que los tiempos modernos traen consigo cambios sociales, culturales y, por ende, alimentarios.

Sin embargo, debemos reconocer dichos cambios, para tener conciencia de la pauta entre frutas de temporada y, por ejemplo, pan de muerto todo el año. Para una ama de casa puede resultar novedoso poder preparar pan de elote en pleno enero, así como para un cazador el salir a practicar su puntería en plena veda. El tema es que los requerimientos comerciales, la oferta y la demanda, así como la posibilidad de tener una misma dieta todo el año, ha representado un problema tanto para el campo, como para la ciencia y la sociedad en general, pues los tiempos de espera entre temporadas se han acortado, dando paso a un consumo y desgaste emocional y gustativo. Y es así como los centros comerciales sienten los colores patrios desde finales de julio, las fiestas del Halloween en pleno septiembre y los arreglos decembrinos aparecen una vez pasados los primeros días de muertos.

Y es a partir de estas modificaciones en los calendarios sociales, que el pan de muerto, por poner un ejemplo, flexibiliza su simbolismo y aparecen las variantes, desde rellenos con mermeladas y queso crema, pasando por alguna nata, para finalmente aparecer rellenos de chilaquiles o alguna preparación salada, lo que lo convierte en una preparación contrastante, digna de las redes sociales, pero poco apetitosa para la sociedad. Esta temporada, por así llamarla, han reaparecido las conchas rellenas así como el pan de muerto con ceniza, al cual le dedicaremos un espacio más adelante. 


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Benjamín Ramírez
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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