Repetir una idea equivocada no la convierte en acertada, sólo demuestra la capacidad coagulante y aglutinante de la mediocridad. El MoMA de Nueva York realiza “una exhaustiva retrospectiva” de la obra de Marcel Duchamp y lo consagran como “el artista más revolucionario del siglo XX”. No es el más revolucionario, el readymade que se considera su aportación, es un retroceso en la creación artística, nunca una revolución.
La premisa de Duchamp de que cualquier objeto que el artista elija se convierte en arte y de que el artista no tiene que hacer la obra, sólo debe pensarla, imponerle un concepto y así hasta lo más simple y zafio adquiría el estatus de arte “conceptual”, provocó que el oficio y el trabajo artístico, la creación verdadera, conocer los materiales y transformarlos en una obra, y alcanzar la maestría se relegara como “trabajo no intelectual”.
Desde la perspectiva del presente es evidente que estas ideas permearon porque el arribismo de los mediocres busca ávidamente las puertas que les permiten acceder a un sitio al que de otra forma nunca habrían entrado. El readymade llegó y con un siglo de edad es el recurso de miles de personas que se hacen llamar artistas sin ningún mérito que lo justifique.
A ese objeto designado se le han adjudicado toda clase de discursos que lo trasladan al estado de arte. Todos con intenciones políticas, sociales, psicológicas, es la contradicción entre la superficialidad del objeto y la forzada teoría. Ante este aniversario me pregunto por qué los artistas VIP no están hartos y aburridos de hacer lo mismo, de copiar una idea que no puede ir más allá de lo que el objeto es, y que ni con la IA ya le pueden inventar más argumentos para que adquiera por lo menos una cualidad que lo haga relevante.
El readymade actualmente es una expresión institucionalizada, ultra reaccionaria, paternalista que ha demeritado el oficio y trabajo artístico para impulsar generaciones de activistas sin talento que se hacen llamar artistas. La aniquilación del pensamiento abstracto, la nula capacidad de recrear y transformar a la realidad es la claudicación del pensamiento crítico. El artista ya no transforma ni recrea, sólo acepta las cosas como son. La imaginación es innecesaria porque no hay creación, hay sumisión al estatus.
El arte conceptual surgido del readymade, del artista que no hace sólo “piensa”, encerrado en su impotente circulo vicioso, alimenta y alimentará a la sociedad del conformismo intelectual, de la protesta acomodaticia, es la miseria intelectual al poder, la misma que ha negado la individualidad en un colectivismo que estandariza la falta de talento como identidad ideológica.
Esto ha persistido porque es una expresión esclavizante de perpetua minoría de edad, refleja a una sociedad que añora un gran padre que tome las decisiones que ellos no quieren tomar. La decisión está tomada, la pasividad del arte conceptual, el arte VIP señalará generaciones que se entregaron al feliz facilismo de sus limitaciones.