Cultura

Vestida para vengarse

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“Mi vestido no es suficientemente elegante”. La condesa Ellen Olenska ordenó repentinamente cambiar el rumbo de su carruaje, decidió no ir esa noche al teatro, Esa sería su presentación en la sociedad neoyorquina de 1870, después de abandonar a su esposo, el millonario y pervertido conde Olenski. Vestirse para volver, huir, y demostrar que la conquista de la libertad inicia con el vestuario adecuado. Ellen Olenska trastornó New York con un vestido de encaje negro, La Edad de la Inocencia de Jane Austin, describe una sociedad reprimida incapaz de comprender la libertad, la moda y los arrebatos de felicidad.

La princesa Diana de Gales lo sabía, huyó de su esposo que no la amaba, que prefería seguir los dictados de su madre y de una amante mal vestida, que no evidenciaba su falta de carisma. El día que Carlos dió una entrevista declarando que Camila era su amante, Diana asistió a la inauguración de una exposición en Serpentine Gallery en Londres, vestida con un atrevido “Little black dress” “LBD”, escotado, con una gran abertura en el costado mostrando sus largas piernas. La declaración de Carlos pasó desapercibida, a la prensa y los millones de fans de Diana no les interesaba el mal gusto de Carlos.

El mundo supo que Diana, además de bipolar y bulímica, poseía un cínico instinto del presente, del aquí y ahora de la persona que inmola a su intimidad en el insaciable altar de la fama. La venganza de Diana fue vestirse para seducir y desnudar la mendacidad de su matrimonio.

El Little black dress es la piedra angular de la elegancia, permite hasta a las más abandonadas por el estilo, pasar flotando por el pantano de su vida social. Intemporal, exacto, surge del talento de Gabrielle Chanel en 1920. Finalizada la pesadilla de la Primera Guerra, liberadas del corsette, el vestido ligero, dejaba los brazos y el cuello descubiertos, el cuerpo femenino relajado, sensual y sincero.

Con más de cien años cumplidos, el LBD es un icono de la moda, un canon, con muchas versiones de otros diseñadores. El que usó Audrey Hepburn en “Breakfast at Tiffanis” de Givenchy, en esa escena donde desayuna en soledad, un café y un bagel contemplando las joyas del escaparate como un amor imposible. Vestida para soñar.

Entre los más elegantes está el diseño de Giorgio Armani para Michelle Pfeiffer en 1990 para la entrega de los Oscar, nominada a la mejor actriz por la película The Fabulous Baker Boys, de un azul muy oscuro con las luces aparecía negro. En un Hollywood acostumbrado a los vestidos exagerados y cursis, el LBD de Armani impuso la elegancia depurada, limpia que caracteriza sus diseños. Bastó un collar de perlas y Pfeiffer fue la más elegante de la noche. Vestida para ser memorable.

El vestido que usó Diana para su mediática venganza será subastado por Sotheby’s con un precio de salida de entre 150 y 300 mil dólares, se espera que alcance 1 millón de dólares en la puja. Labios rojos, un LBD y el tiempo se detiene, para la femme fatale nada es más importante.


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Avelina Lésper
  • Avelina Lésper
  • Es crítica de arte. Su canal de YouTube es Avelina Lésper
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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