Cultura

El lenguaje del corazón

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Las emociones y los sentimientos son más grandes que la ciencia, más profundos que la “sintomatología” y laberínticos como el espacio insondable del cerebro. La descripción de los impulsos de la naturaleza humana que hizo la novela romántica desde el siglo XIX hasta inicios del XX penetró en la psique colectiva, y fue un espejo del abismo que llevamos dentro, lo sacó a la luz evidenciando la fragilidad de lo que somos y la miseria a la que nos sometemos.

Las novelistas como Jane Austin, las Bronte, Edith Warthon y Margaret Mitchell crearon una voz narradora que observaba y analizaba cada palabra, gesto y decisión a través de sus personajes. El contexto de la sociedad, de la autocensura y la autorepresión que estableció un falso lugar seguro. Sobrevivir era aniquilarse, y las escritoras desde su capacidad de análisis entran en los corazones y el alma de sus lectores.

Sentido y Sensibilidad, Orgullo y Prejuicio de Austin, tienen un argumento en apariencia romántico que es el escenario para crear personajes que revelan sus características emocionales, traumas, limitaciones dentro de la estructura social. El amor, la búsqueda de una pareja, la posición económica, histórica están entrelazadas con la manifestación de los sentimientos y el descubrimiento paulatino de la psique de cada ser.

En la sabiduría de las personajes y narradoras, Elinore en Sentido y Sensibilidad, Elizabeth en Orgullo y Prejuicio, toman distancia del drama para descubrir la motivación que mueve la historia. Las feministas leen estas novelas como jueces de las limitaciones de la vida femenina. Esa lectura panfletaria no ve que el drama es la coartada para que la sensibilidad femenina sea un bisturí que disecciona el espíritu humano. Es parte de la mediocridad de muchísimas novelas contemporáneas, que se escriben desde la ideología, el oportunismo y la imitación. No son literatura son panfletos de las ideas que ganan becas y premios a modo.

La condición femenina no es pasiva, es la misión de pensar, observar y entender que los seres humanos tratamos de sobrevivir a nuestras debilidades con la fuerza del carácter. La psicología y la psiquiatría juzgan a la naturaleza humana, la descuartizan, se aferran a una sintomatología que conceptualizan en un rompecabezas que no alcanzan a darle forma. La novela usa la trama, la acción, escenografía, atmósfera para ubicar a los personajes en un todo que va a influir y será influenciado por sus decisiones.

El amor, la sociedad misma como un gran personaje, conducen a la resolución del conflicto, es decir la consumación de una pasión o el desamor y la renuncia. Esa resolución es una guía, no una conclusión, la novela no dictamina, es un trayecto sensible. La psicología, la psiquiatría piensan desde la patología, la novela desde la posibilidad de que todos vivimos una historia que día a día estamos escribiendo. Somos narradores, personajes y lectores, y al margen del azar, hay vidas que son obras maestras y otras que no merecen ser leídas.



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Avelina Lésper
  • Avelina Lésper
  • Es crítica de arte. Su canal de YouTube es Avelina Lésper
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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