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Lunes , 25.03.2019 / 14:10 Hoy

Ciencia, educación y ambiente

Naturaleza y enfermedades

Arlette López

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Las enfermedades han sido un parteaguas en la historia de la humanidad, incidiendo en el crecimiento o disminución de las poblaciones, recordemos la referencia de la peste negra que en el siglo XIV fue la causa de que 25 millones de personas perdieran la vida y la viruela que fue introducida por los conquistadores causando estragos en la población indígena diezmándola en más de un tercio. El mundo microscópico causa de estas enfermedades se fue descubriendo paulatinamente con el avance de la ciencia y la tecnología lográndose vacunas, la penicilina y otros antibióticos que han mejorado nuestra calidad de vida.

En este proceso un factor muy importante es observar la naturaleza y registrar su efecto, así se han alcanzado importantes aportaciones como la herbolaria que es base de muchos medicamentos. En esta situación se conoció el beneficio del aceite que produce un árbol de nombre muy curioso el Chaulmoogra que crece en la India y que cuenta la leyenda de un príncipe birmano que enfermó de lepra, pidiéndole abandonara el imperio y fuera al bosque a meditar, él lo hizo a la sombra de estos árboles que le curaron. La fama del aceite que curaba la lepra corrió por diversos lugares y se empezó a utilizar para mejorar la condición de la piel que también era afectada por eczema, psoriasis entre otros padecimientos. Pero como sucede con muchos productos naturales era necesario aislar su principio activo para lograr mejores resultados en los pacientes. A principios del siglo XX se realizaron diversos intentos por los científicos de la época sin éxito. Entonces laboraba en un hospital en Hawái una joven que se había graduado como farmacéutica y había obtenido su doctorado, situación muy difícil para las mujeres y en particular para una mujer negra como lo era la joven doctora Alice Augusta Ball.

Ella trabajaba con los componentes químicos de las plantas, así que un médico le reto a que resolviera este problema y lo logró aislando los llamados ésteres etílicos de los ácidos grasos que se encontraban en el aceite del árbol de Chaulmoogra. Ya aislado el principio activo se inyectaba a los pacientes quienes se recuperaban rápidamente. La joven doctora no vio el éxito de su trabajo pues murió un año después a los 24 años. Dicen que el agotador trabajo que realizó la consumió dejando un legado para la salud y un ejemplo de los beneficios de la naturaleza.

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