Nos unimos mujeres de diversas edades y procedencias, con mucha actividad y presencia en diversas manifestaciones y espacios, durante la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, para exigir se cumplan demandas que tienen mucho tiempo expresándose, la equidad, respeto, consideración, inclusión, el derecho a una vida sin violencia, en su más amplia expresión.
Lamentablemente, parece que al paso del tiempo algunos factores se incrementan en perjuicio de las mujeres jóvenes o en edad reproductiva como lo muestran cifras del INEGI (2021), en donde más del 70.1% del total de mujeres de 15 años y más, han experimentado al menos un incidente de violencia, en una población femenina de 50.5 millones. Acentuándose en las mujeres adultas mayores de 60 años representando en nuestro país el 10% de la población total.
En este contexto es importante reflexionar sobre la vejez, época de la vida a la que todos queremos llegar, pero eso sí, vernos muy jóvenes.
Esta etapa de nuestra existencia representa múltiples retos y necesidades para una persona adulta mayor, ya que por condición biológica se requieren medicamentos, alimentación especializada o más cuidada, algunos aparatos o equipos para el desplazamiento, e insumos que inciden en la economía de la familia o del responsable de la persona mayor.
Las cifras de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) son preocupantes, el 14.6% de las mujeres de 60años y más experimentan diversos tipos de violencia; psicológica, física, económica y/o patrimonial. Y quienes la ejercen son los hijos y/o algún otro cercano al núcleo familiar, considerando además la violencia que se ejerce por el simple hecho de perder la apariencia de la juventudjuzgando al adulto mayor de forma despectiva y poco considerada.
Cabe preguntarse ¿cuántas de estas mujeres llegan a la última etapa de su vida habiendo vivido la violencia desde su infancia? ¿Cuántas son ignoradas, o se hacen invisibles en el mismo hogar en donde criaron a sus hijos?
Insistir en los programas gubernamentales, los programas de salud física y mental la legislación que proteja y reconozcaa la mujer mayor y que se aplique, son escenarios de abordaje cada vez más necesarios, pero, es también fundamental, la promoción de valores en las nuevas generaciones para construir una ciudadanía de respeto a la experiencia y valor humano del adulto mayor.