En el festejo del día de las madres, escuchamos palabras de reconocimiento a la dedicación, amor y responsabilidad que muchas mujeres asumen ante el hermoso privilegio de la maternidad, y como procuran tanto el bienestar familiar, como la educación que en familia reciben los hijos para que como coloquialmente se dice "puedan volar".
Esta aseveración recuerda que en la naturaleza, las aves, asumen a la paternidad de una forma muy peculiar y que literalmente realizan muchas actividades para que sus polluelos aprendan a volar.
Las aves en el 90% comparten la crianza desde la construcción del nido, la incubación, y entrenamiento de los polluelos para el vuelo.
Las aves entrenan a sus crías para que sean independientes, les enseñan el canto y los significados de los diferentes sonidos.
En estudios realizados en la Universidad Flinders en Australia demuestran que algunas hembras repiten un canto mientras incuban y al nacer, los polluelos emiten el mismo canto asociado a la petición de alimento así, quien mejor emita el sonido mejor alimento tendrá.
A partir de este momento empieza la enseñanza en las aves que podría parecer cruel, ya que sus crías aprenden a sobrevivir enfrentándolos a los retos de la cotidianía, entre ellos aprender a volar.
Antes de llegar al inicio del vuelo, aprenden el canto o gorjeos como se llama en las palomas.
Las crías son alimentadas por sus padres quienes en unos casos, procuran a los polluelos más demandantes y en otros a los más débiles.
Pero, si la comida es escasa, procuran a los que tengan más posibilidades de sobrevivir.
Cuándo las aves tienen las condiciones físicas para emprender el vuelo los padres con mucha firmeza los alientan a salir del nido, en unos casos como sucede con las palomas, lo hacen paulatinamente, volando distancias cortas con la compañía de sus padres, quienes les procuran alimento en sus momentos de reposo.
Otros como las águilas empujan a sus crías fuera del nido para que aprendan a volar, "simplemente volando" y pueden lograrlo o no.
Trasladando estas conductas a los humanos coincidimos en que es una vocación natural lograr la autosuficiencia de la progenie, y que esta se construye con la educación, cuidados de la familia y la firmeza necesaria, para lograr que los hijos lleguen con la confianza y disposición necesaria para alcanzar el momento decisivo de "volar del nido".