Llegué a México en los años setenta del siglo pasado y me doy cuenta que Óscar Chávez jugó un rol importante en mi proceso de adaptación e identificación con la cultura y diversidad político-social del país. Cuando visitaba la ciudad de México, asistía a una peña, escuchaba su voz por la radio o lo observaba con su guitarra en un programa de televisión, me convencía por las letras, la poesía y sinceridad con la que comentaba acerca de la condición humana, la injusticia y la situación de México y América Latina. Chávez también convencía con su actuación y la banda sonora de películas. Dos apariciones fílmicas me parecen inolvidables: Su personificación de El Estilos en la película Los Caifanes (1969) - por la que fue distinguido con un premio Ariel - y una inolvidable escena de María de mi corazón (1979) en la que actúa como él mismo.
En el cine mexicano de los años sesenta el filme Los Caifanes de Juan Ibañez abrió de golpe una ventana de aire fresco. Fue “una caja de resonancia de las dinámicas sociales y las prácticas artísticas de la época”, escribe Virginia Medina en el artículo “Los caifanes, pensada desde el guión. A 50 años de su estreno” (número 16 de la revista electrónica de cine El ojo que piensa). Ibañez y Carlos Fuentes desarrollaron el guión con el título Fuera del mundo para el Primer Concurso Nacional de Argumentos y Guiones Cinematográficos de 1966. Estaba dividido en tres partes que, en la película, cambiaron a cinco: Los caifanes, Las variedades de los caifanes, La suerte, Las camas del amor eterno y Se le perdió la paloma al marrascapache. El filme del tipo road movie urbano lleva a seis jóvenes – una pareja de novios de clase media y cuatro “caifanes” de barrio - por la nocturna ciudad en busca de acción y diversión irreverente. “Déjame gozar mi idea!” es el lema de Paloma (Julissa), la niña bien, mientras que El Estilos (Oscar Chávez), el Caifán Mayor, juega al guía y galán.
En María de mi corazón de Jaime Humberto Hermosillo, Óscar Chávez, su voz y guitarra, participan en una escena de dueto con el coprotagonista Héctor (Héctor Bonilla), quien trata de superar la separación de María (María Rojo), internada por error en un sanatorio psiquiátrico. Héctor aburre al público de un antro con sus chistes malos cuando aparece en el escenario Oscar Chávez con su guitarra. Héctor le pide cantar en dueto y Chávez sugiere la canción Por ti. Héctor no la conoce pero acepta con entusiasmo y espíritu de venganza hacia la “infiel” María, entontar “Se me fue mi amor”. La manera como los dos hombres intercambian miradas, como Héctor trata de seguir a Óscar con la letra y el énfasis con el que cantan “mi amor se me fue a la guerra y no sé hasta cuándo la volveré a ver”, es una joya de duelo de actuación y complicidad masculina. Qué triste que para ver y escuchar al trovador mayor sólo me quedarán sus discos, películas y las entrevistas a las que se prestaba a regañadientes.