Cultura

"Contratiempo"

  • La pantalla del siglo
  • "Contratiempo"
  • Annemarie Meier

Los relatos policiacos son de mis géneros literarios y cinematográficos favoritos. De joven leía con avidez las novelas de Agathe Christie, Arthur Connan Doyle, John Dickson y Georges Simenon y hasta hoy me atraen los textos y películas de autores que escriben tramas de crimen, culpa, ley y justicia. Por cierto, una de mis novelas preferidas es Justiz (Justicia) del suizo Friedrich Dürrenmatt, relato que a través de un asesinato cometido frente a los comensales de un restaurante lleva al lector a reflexionar acerca de la diferencia entre la justicia como cumplimiento de la ley y la justicia como concepto moral alrededor de lo que es justo. Por cierto, la novela fue adaptada al cine por el realizador alemán Hans W. Geissendörfer en 1993 con Maximilian Schell en un papel protagónico.

Muchas tramas criminales son atractivas porque el lector o espectador arma pieza por pieza el rompecabezas de quién es el culpable de un delito o suceso. A menudo, sin embargo, la cosa es más compleja y lo que descubrimos es más bien el porqué y el cómo de un acto criminal. Contratiempo del guionista y director español Oriol Paulo, combina el cuestionamiento de quién cometió el crimen con el cómo y porqué sucedió. La película, sin embargo, vuelve aún más complejo el asunto ya que describe cómo los humanos solemos reaccionar en situaciones de stress, cómo escondemos la mano y decimos “yo no fui” después de haber tirado la piedra que rompió la ventana del vecino y cómo nos protegemos para no asumir la culpa de un acto que cometimos de manera involuntaria o voluntaria.

La película Contratiempo parte de una situación inculpadora del protagonista que recordamos de otros filmes: Un hombre despierta - del sueño o de un estado de inconsciencia - al lado de una mujer asesinada y se ve forzado a probar su inocencia. Películas sobresalientes que derivan de esa situación son Dark City (Ciudad en tinieblas) de Alex Proyas (1998) y Barton Fink de los hermanos Coen (1991). En ambos relatos el protagonista pasa por una serie de tribulaciones dignas de una trama de horror en el intento de probar su inocencia. También El fugitivo de Andrew Davis (1993) trata de un hombre (y marido) de una víctima que es inculpado y sentenciado falsamente y tiene que probar que no es culpable. En Contratiempo el inculpado de la muerte de su amante es Adrián Doria, un joven y exitoso empresario barcelonés, que defiende su inocencia y proporciona detalles de los sucesos en una especie de confesión con Virginia Goodman, su coach y experimentada preparadora de testigo que le fue asignada por su abogado. Adrián y Virginia disponen de 180 horas para armar los argumentos de defensa antes del juicio express que condenaría al hombre. El diálogo – y duelo de poder - entre Adrián y Virginia lleva a una serie de flash back que descubren el motivo del hecho criminal a través de sucesos, mentiras, engaño y conductas poco éticas de los involucrados.

Formular una sinopsis de la historia que narra Contratiempo no tiene sentido. Los acertijos y continuos giros narrativos que construyen el thriller sólo funcionan si atrapan al espectador por las anticipaciones y sorpresas que resuelven los acertijos. Además de una trama que corre a contratiempo y con reloj en mano, el filme juega con la inmensa capacidad del cine de mentirle al espectador. Los continuos giros narrativos y cambios de punto de vista mantienen al público totalmente absorto en armar, deshacer y rehacer el rompecabezas que conforma el filme. Las piezas de información que sueltan personajes y trama, la manera cómo el filme demuestra que, al cambiar la perspectiva, también cambia la culpa de los personajes y el tono del filme, es sumamente entretenida y nos recuerda que, al igual que lo demostró Kurosawa en Rashomon, un suceso cambia según la perspectiva, percepción y memoria del que lo relata (y ficciona).

Oriol Paulo es un excelente guionista que construye con maestría relatos fílmicos complejos y dramáticos. Nacido en Barcelona escribió series para televisión (El Cor de la Ciutat, Majoria absoluta) y el guión de Los ojos de Julia, realizado en 2010 por Guillem Morales y coproducido por Guillermo del Toro. En 2012 escribió y dirigió su primer largometraje El cuerpo, un thriller que impactó por sus giros narrativos y el desenlace sorpresivo. Contratiempo se filmó en Barcelona y está hablada en español, elementos culturales importantes para disfrutar una película cuyo guión, realización y música abonan a la experiencia fílmica.

El realizador confía en un espectador que admira el poder del cine para atrapar al público. Contratiempo remite a Hitchcock y su maestría por provocar las emociones de una montaña rusa cinematográfica. Guiños al cine de Hitchcock como las ventanas del edificio de enfrente (La ventana indiscreta), el primer plano de un reloj y el peligro de las alturas (Vértigo) muestran que Oriol Paulo juega con los elementos y el poder del cine de narrar, emocionar, mentir, convencer y entretener. Los continuos juegos con el tiempo, los engaños, mentiras y cambios de perspectiva son quizás un tanto excesivos pero nos mantienen al borde del sillón hasta el último minuto de la película.

annemariemeier@hotmail.com

Google news logo
Síguenos en
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.