En nuestro México de contrastes y tintes totalitarios, la narrativa oficial ha encontrado un nuevo campo de batalla.
La recién estrenada lideresa de Morena, Ariadna Montiel Reyes, encabezó una conferencia en la capital chihuahuense para anunciar una estrategia que mezcla la vía legislativa con la movilización social.
La cita es hoy, sábado 16 de mayo, a las cuatro de la tarde en la Glorieta de Pancho Villa; una marcha hacia el centro de la ciudad bajo la consigna #SeguridadyDefensaDeLaSoberanía.
“Chihuahua es cuna de la Revolución y hoy la historia nos vuelve a llamar”, se lee en las redes del partido. El trasfondo es claro: promover un juicio político contra la panista Maru Campos.
¿El motivo? La supuesta participación de agentes de la CIA en un operativo donde, desafortunadamente, perdieron la vida junto a elementos mexicanos en la Sierra Tarahumara el pasado 19 de abril.
Hasta aquí, el guion de la soberanía nacional parece impecable. Todos en sus marcas. Sin embargo, el contraste lacera cuando miramos hacia otra latitud: Sinaloa.
Bajo el irónico eslogan "¡Tienes que vivirlo!", surge la pregunta obligada: ¿De qué forma hay que vivirlo?
Estamos ante una sociedad acostumbrada a narcopolíticos protegidos por el desgastado manto de la "austeridad republicana", asumiendo que las autoridades operan con un ojo displicente ante células criminales.
Vivir Sinaloa hoy significa aceptar toques de queda intrínsecos en zonas turísticas y urbanas, y normalizar enfrentamientos armados entre facciones.
Es válida la marcha de Ariadna por la soberanía, pero resulta sospechosa la ausencia de una movilización morenista que exija justicia en el caso de Rubén Rocha Moya.
A pesar de los acuerdos internacionales de cooperación judicial firmados por México, el oficialismo calla. Mientras tanto, la sociedad sinaloense ya salió a las calles a exigir la salida de un Rocha que hoy está fuera de la escena.
¿Dónde está? Las autoridades de la Cuarta Transformación aseguran que no ha salido del estado, pero esa es una verdad que solo circula entre ellos.
La realidad es que no falta mucho para que la sociedad, harta de la narcopolítica sistematizada, dé un manotazo en la mesa.
Porque mientras en Chihuahua marchan por la "soberanía" ante el extranjero, en Sinaloa la soberanía se pierde a diario ante el crimen, bajo el silencio cómplice de quienes hoy convocan a las plazas.