La paz no solo son tres letras, no solo es una palabra, es un estilo de vida que debe estar guiado por acciones que beneficien nuestro entorno. Tradicionalmente, la hemos entendido de forma negativa: como la simple ausencia de guerra, conflicto o violencia explícita. Sin embargo, desde la perspectiva de los derechos humanos, la paz es un concepto dinámico, positivo y profundamente estructural. No existe una paz auténtica si no hay garantía de derechos fundamentales, si impera la desigualdad o si las vías para acceder a la justicia se encuentran cerradas para los sectores más vulnerables de nuestra sociedad.
Como Presidenta de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Hidalgo, asumo la convicción de que construir una cultura de paz nos compromete a todos de manera diaria. Significa transformar el tejido social desde la raíz, transitando de una cultura de la confrontación a una cultura del entendimiento mutuo. En este camino, la dignidad humana es el eje central y el respeto a la diversidad es la regla, no la excepción. No podemos aspirar a un entorno pacífico si toleramos la discriminación o si normalizamos las pequeñas violencias que surgen en nuestras dinámicas cotidianas, ya sea en el hogar, las escuelas o los espacios públicos.
Para lograr este cambio sistémico, la mediación surge como una herramienta indispensable y poderosa. El diálogo horizontal y voluntario no solo desactiva tensiones, sino que devuelve a las personas el protagonismo en la resolución de sus propias diferencias. La mediación humaniza los conflictos. En lugar de buscar vencedores y vencidos a través de procesos rígidos, prioriza la escucha activa, la empatía y la reparación del tejido comunitario. Cuando elegimos mediar, elegimos reconocer al otro como un igual con derecho a ser escuchado. Esto es, en esencia, hacer valer los derechos humanos en su dimensión más práctica y cercana.
Desde Hidalgo, el llamado es claro: la paz no es un decreto gubernamental ni un ideal inalcanzable. Es un proceso social continuo que se alimenta de la justicia, la equidad y la participación ciudadana. Cada decisión que tomamos para resolver una diferencia sin violencia, cada espacio que abrimos para el entendimiento y cada derecho que defendemos, nos acerca a esa realidad.
La mediación va de la mano de la lucha por la dignidad y el respeto de los derechos humanos, es trazar la ruta hacia un estado más fuerte, solidario y armónico. La paz se vive y se construye en colectivo, día con día, con la certeza de que un entorno justo es el único cimiento posible para la tranquilidad de todas las personas.
Sin perder el rumbo: En la CDHEH trabajamos en la construcción de paz. A través del área de Amigable Composición, hemos logrado resolver 36 expedientes mediante el diálogo y la escucha activa. Esto nos permite alcanzar soluciones pacíficas donde las partes se sienten escuchadas y respetadas, evitando procesos largos y desgastantes. Para nosotros, el objetivo final es la restitución del derecho, y el camino más efectivo es la mediación.