• Regístrate
Estás leyendo: La muerte y #MeToo
Comparte esta noticia
Domingo , 21.04.2019 / 14:16 Hoy

Ojo por ojo

La muerte y #MeToo

Álvaro Cueva

Escuchar audio
Publicidad
Publicidad

La televisión saca lo peor de nosotros y es tan poderosa, tan transparente, tan obvia, que todo el mundo la odia.

No hay manera de ver esas imágenes tan grotescas y de no encender los mecanismos de defensa. No la hay.

Pero eso somos. Atrás de cada personaje, de cada escena, se esconde una verdad, nos escondemos todos. Y no hablo solo de México. Esto es mundial.

Bueno, pues le tengo noticias: ya hay algo todavía más poderoso, transparente y obvio que la televisión. Me refiero a las redes sociales como Twitter, Facebook y YouTube.

Si la televisión es una lupa, las redes sociales son un microscopio. Ellas no solo amplían lo que somos, van a nuestra esencia.

Aquí no estamos hablando de imágenes grotescas. Estamos hablando de lo que llevamos dentro.

Por eso aquí, a diferencia de lo que ocurre con la televisión, nadie se atreve a decir que odia las redes. Hacerlo sería como decir que se odia a sí mismo.

Con Twitter, Facebook, YouTube y todo lo demás, siempre estamos buscando justificaciones para no asumir la responsabilidad de las cosas malas.

Cuando se trata de algo positivo, queremos el crédito. Nos premiamos, nos exhibimos, nos felicitamos. Cuando se trata de algo negativo, no tenemos nada qué ver. La culpa es del anonimato, de los extremistas, de los bots.

Pero eso somos: odio, vanidad, rabia, oscuridad, narcisismo, intolerancia, calentura, ignorancia, perversión, imposición, chantaje, consumismo, ansiedad, soledad, desesperación, cursilería, manipulación y cosas peores.

Por tanto, cuando llevamos las grandes inquietudes de la humanidad, como la muy genuina lucha de las mujeres a defender sus derechos, el resultado es una desgracia que incluye la mismísima muerte de alguno de los involucrados tal y como sucedió con Armando Vega-Gil.

No es que las mujeres se tengan que quedar calladas. No es que las personas que quieran hacer daño se tengan que reprimir. Incluso, por horrible que suene, no es que la gente que se quiera suicidar deje de hacerlo.

Es que no sabemos reaccionar ante esto. Llegó la hora de alfabetizarnos en términos mediáticos y digitales.

Y esto nos incluye a todos: desde los gobiernos y las causas sociales hasta las minorías y los delincuentes.

Nada que usted ponga en las redes sociales va a estar ajeno a la tergiversación ni a la rabia como nada que usted ponga en la televisión va a estar ajeno a la doble moral ni al mal gusto.

Esos iconos de los pulgares para arriba y para abajo que usted selecciona cada vez que participa en algo, no son unos inocentes dibujitos.

Son exactamente los mismos pulgares que la gente levantaba o bajaba para pedir la vida de alguien en los circos romanos. Son la manifestación más pura de nuestro interior.

Aprenda a leer las redes y los medios la próxima vez que usted se quiera expresar, poner un tema sobre la mesa o tomar una resolución.

Querer hacer lo que mucha gente hace en las redes (o a partir de las redes) es tan ridículo hoy como haber querido hacer denuncias de alta seriedad (o tomar las mejores decisiones sobre el destino de otros) en las arenas de los circos romanos.

Para todo hay lugares y momentos. Necesitamos educación mediática y digital. Necesitamos educación para que esto funcione. ¿O usted qué opina?

@AlvaroCueva

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.