En shock. Vi el estreno de “Un día… con Guillermo Osorno” el martes pasado, en El Veintidós, y quedé en shock.
¿Por qué? Porque el programa es magnífico, un verdadero prodigio de la televisión pública mexicana. Como para que triunfe a nivel “rating” y gane premios por todos lados.
Lo amé. Lo amé. Lo amé. En verdad lo amé.
¿Entonces por qué quedé en shock? Porque jamás vi a Guillermo Osorno.
En el programa de Guillermo Osorno no sale Guillermo Osorno.
¿Esto es malo? ¡Muchísimo! Pero aparentemente no. Estamos ante uno de los más grandes dilemas de la televisión hoy. Ante un falso debate. ¡Aquí está la nota!
Le explico: las redes sociales les han enseñado a las nuevas generaciones, pésimamente, que el contenido es el rey. Por tanto, los humanos ya no importamos.
Resultado: usted puede ver cualquier cantidad de magníficos contenidos en YouTube, en Instagram o en TikTok, sin ver nunca a sus autores. Y se la va a pasar increíble.
¿Cuál es el problema? Que al aniquilar la figura del autor, mientras ganen las redes, da lo mismo quién haga las cosas.
Todos perdemos porque, ¿quién le dice a usted que atrás de lo que está mirando no está un “escritor fantasma” o, peor tantito, una inteligencia artificial.
Son las redes enseñándonos a mentir. Son las redes borrándonos del mapa. Son las redes priorizando la infodemia con tal de seguir ganando.
“Un día… con Guillermo Osorno” es tan bonito, tan perfecto y tan completo que si usted lo pone al lado de los mejores videos de las redes más virales, triunfaría aparatosamente.
¿Cuál es la bronca? Que quienes no conocen la voz de Guillermo Osorno, jamás lo reconocerán. Que quienes nunca lo han visto en persona o en video, nunca lo verán.
Guillermo Osorno podría ser un invento, una inteligencia artificial y, perdón, no se lo merece.
Es uno de los mejores periodistas de investigación de todo México, un profesional impresionantemente serio, riguroso. Tengo el honor de conocerlo y lo admiro como a pocos.
¿Por qué no sale en su programa? Ni en una fotito en los créditos finales. ¡No puede ser! Se presta para las peores interpretaciones. Esto va más allá del síndrome del impostor. Es algo que se tiene que discutir.
¿Por qué? Porque tengo la impresión de que la gente del Veintidós hizo esto precisamente así para verse muy actuales, para verse muy YouTube, muy Instagram, muy TikTok.
Pero no. Ése no es el camino. Y a las pruebas me remito: ¿Cómo nos están vendiendo “Un día… con Guillermo Osorno”? Como la versión 2026 de lo que hacía Cristina Pacheco en clásicos como “Aquí nos tocó vivir”.
Sólo que hay un pequeño “detalle”. El mundo se enamoró de Cristina Pacheco porque la veía en “Aquí nos tocó vivir”. Si la señora se hubiera negado a aparecer, si no la hubieran sacado a cuadro, jamás se hubiera convertido en la gran figura en la que se convirtió.
¿Sí entiende? Tenemos que ver a las conductoras. Tenemos que ver a los conductores.
En televisión, aunque las redes nos apantallen mucho, la figura del conductor es esencial.
Y no, no es cierto eso de que el contenido es el rey. Ni siquiera en redes. ¡Hay estudios muy serios que demuestran exactamente todo lo contrario!
Lo que la gente mira, cuando mira, es gente. Lo que la gente busca, cuando busca, es gente. ¡Hasta humanizamos a los animales para conectar con ellos!
¡Mentira que eso se vea viejo! ¡Mentira que eso ya pasó de moda! ¡Mentira! ¡Mentira! ¡Mentira!
Si gusta, luego le doy una conferencia sobre la verdad detrás de nuestros consumos audiovisuales. Estamos muy mal. Por eso luego pasa lo que pasa.
Y no, yo no me trago ese cuento de: “quitamos al conductor porque el que tenía que brillar era el invitado” porque eso es peor de patológico.
Digo, por si de repente a alguien se le quiere ocurrir esta justificación.
“Un día… con Guillermo Osorno” es una chulada de propuesta, una especie de “Visitando a las estrellas” del siglo XXI donde las estrellas no son actrices, actores ni cantantes.
Son las mujeres y los hombres del pueblo de México contándonos cómo son, cómo es su vida. ¿Así o más hermoso?
Sí, más hermoso porque está producido con un cuidado en los detalles francamente excepcional. Esto no es cine. Es poesía. Se ve y se oye precioso.
Luche con todas sus fuerzas por ver “Un día… con Guillermo Osorno” todos los martes a las 22:30 en El Veintidós. Y si no puede ese día a esa hora, mate por gozarlo en YouTube. Lo va a amar tanto como yo. De veras que sí.
E impida que sigan quitando a los autores, a los conductores, de los programas. ¡No se vale! ¡O usted qué opina?