Odio mucho “And Just Like That”. De hecho, creo que soy el único periodista de todo el mundo que ha destrozado “Sex and The City”.
Obviamente estoy vetado de ese universo y asumo las consecuencias de mis críticas, pero prefiero ser honesto a engañarlo a usted.
Lo último de “Sex and The City” (incluyendo las películas) y “And Just Like That” son varios de los peores errores de toda la historia del espectáculo, proyectos que jamás se debieron haber autorizado, equivocaciones imperdonables de HBO.
Le explico: vi nacer “Sex and The City” en los años 90, cuando HBO le vendía sus contenidos tanto a Televisa como a CNI Canal 40.
Está de más que le diga que me deshice en elogios desde el primer capítulo. Estábamos ante una verdadera revolución.
Nunca en la historia alguien se había atrevido a hacer una comedia que le hiciera un homenaje a las mujeres solteras y que pusiera sobre la mesa su derecho a sentir placer, a ejercer su sexualidad, a tener orgasmos.
Era televisión premium de verdad, una justificación para pagar extra por el paquete HBO en los sistemas de cable y de antena directa al hogar.
Era valiente, polémico, divertido. ¡Era lo máximo! Por si esto no fuera suficiente, cualquier mujer, de cualquier tipo, se podía identificar con alguna de las protagonistas de esta maravilla.
Desde la más melosa y romántica hasta la más ardiente y sensual.
“Sex and The City” era una oda al glamour, a la moda, a Nueva York. Era, hacer del sexo libre un modelo aspiracional, una muy necesaria alternativa para la realidad de aquel momento histórico.
¡Pero qué cree! En algún punto alguien se equivocó y esta obra maestra (que se transmitió doblada al español por televisión abierta en la Ciudad de México) se transformó en una telenovela.
Fue asqueroso, verdaderamente decepcionante, ver cómo las protagonistas de “Sex and The City” se comenzaban a traicionar hasta convertirse en las típicas princesitas urgidas de un hombre que las rescatara y se casara con ellas.
¿Se da cuenta de la monstruosidad detrás de esto? ¡Arriba el patriarcado! ¡Adiós al homenaje a las mujeres solteras! ¡No más sexo libre! ¡Mal! ¡Todo mal!
¿Pero sabe qué es lo peor? Que fuimos muy pocos los que nos atrevimos a levantar la voz.
Total, que así estaban las cosas cuando HBO Max sacó “And Just Like That”, algo mil veces más aberrante.
¿Por qué? Porque todo lo que antes era glamour terminó por convertirse en decadencia.
Es verdaderamente patético ver a aquellas legendarias heroínas de la libertad sexual transformadas en criaturas decrépitas que no pueden lidiar con la actualidad, que viven puras aventuras de inclusión forzada y que abandonaron el glamour para traicionarse todavía más de lo que ya lo habían hecho.
¿En qué momento la portentosa comedia “Sex and The City” se convirtió en el drama de mujeres con incontinencia urinaria? ¿Qué tiene eso de chistoso? ¿Qué tiene de mágico? ¿De aspiracional?
¿Pero sabe qué es lo que me da más coraje? Que, con este producto tan nefasto, HBO perdió la oportunidad de crear la gran serie que las adultas mayores estaban esperando para dignificarse, para atreverse a vivir su sexualidad, para entender que esa etapa de la vida también puede estar llena de encanto, de moda y de cosas mejores.
Sí, son millones las personas que aman “Sex and The City” en el mundo entero, pero no nos confundamos, no aman las cochinadas que se están haciendo ahora, aman lo que se hizo en el pasado y que se debió haber quedado ahí, como un fantástico recuerdo, eso que se perdió para siempre. ¿O usted qué opina?