Espectáculos

¡Gracias, 'Juana Inés'!

Mañana va a ser un día muy especial, porque a las 21:30 se va a transmitir, por Canal Once, el último capítulo de Juana Inés, la mejor serie mexicana de todos los tiempos.

No quepo en mí del placer de haber visto cada una de las escenas que se han transmitido hasta este momento.

Es una obra mucho muy mayor que puede poner en alto el nombre de México, no nada más en el continente americano, sino en todo el mundo.

¿Por qué? Por su redondez estructural, por la complejidad de sus personajes, por sus magníficas interpretaciones y por el excelente nivel de su producción.

Canal Once y todos los medios públicos de esta nación deben estar de fiesta, porque por fin llegamos a las ligas mayores, porque por fin pudimos hacer una fantasía histórica al nivel de las que se hacen en España e Inglaterra.

Esto va a contribuir enormemente a la difusión de la cultura nacional y, lo más importante, a que miles de personas, especialmente los jóvenes, sientan un deseo irrefrenable por acercarse a la vida y a la obra de la verdadera sor Juana Inés de la Cruz.

Por supuesto que Juana Inés es una versión libre de la biografía de esta gran figura y no su vida tal cual, como aparece en las estampitas, pero esto no tiene nada de malo.

Al contrario, es un acierto, porque despierta la curiosidad, propicia el debate y contribuye a que un número mayor de personas se acerquen a los verdaderos contenidos históricos.

Y si no me cree, voltee a ver el resto de las fantasías de este tipo que se han estado produciendo en los países más avanzados del mundo desde la década pasada.

¿A poco Enrique VIII era como el símbolo sexual que aparecía en The Tudors, los vikingos como los personajes de Vikings y los romanos como los de Rome?

¿En verdad usted cree que las mujeres de la Inglaterra de 1463 se comportaban como las de The White Queen, que los mexicas terminaron hablando castellano como en Carlos Rey, Emperador y que las tropas de Antonio López de Santa Anna se portaban como las que salieron en Texas Rising? ¡Claro que no!

Por eso admiro con todas mis fuerzas a Juana Inés. Se necesita mucha inteligencia, valor y talento para hacer de la Décima Musa una mujer de carne y hueso, divertida, comprometida y hasta con vida sexual.

Yo, que tuve la fortuna de crecer leyendo y estudiando a sor Juana, jamás pensé que algún día la iba a ver besando a otra mujer en televisión abierta nacional.

Fue hermoso, porque me ayudó a entender que entre aquella Nueva España y el México de hoy hay muy pocas diferencias, que seguimos viviendo en un mundo de cortes y de castas, donde es muy complicado el ascenso social y donde la figura de la mujer es reprimida al extremo.

¿Y qué me dice de las prohibiciones de antes y de las de ahora, de la urgente necesidad de defender el derecho a pensar, de la guerra contra la ignorancia, de la corrupción y del barroco aplicado hasta a la comida?

Si pasáramos menos tiempo buscándole defectos a esta serie de televisión y más, disfrutándola, descubriríamos el retrato más honesto que jamás se ha hecho del México de ayer y hoy.

Cámbiele el nombre al virrey, a la virreina, al arzobispo o al confesor y póngale el de la autoridad que usted quiera de la actualidad, del nivel que más se le antoje, y se va a ir de espaldas.

Cámbiele el nombre a sor Juana y póngale el suyo o el de muchas mujeres que a diario retan al mismísimo sistema por el simple hecho de ser mujeres, y se va a quedar con la boca abierta.

Juana Inés no es una serie cualquiera e incluso desde la perspectiva del espectáculo cumple como el más grande de los ejercicios de entretenimiento.

¿O qué, usted no sintió todo ese suspenso cuando se manejó la idea de que las obras de esta prodigiosa escritora estuvieron a punto de perderse para siempre?

¿Usted no sintió en algún punto rabia, alegría, tristeza, miedo o amor?

De eso se trata este negocio. Por eso las fantasías históricas son uno de los conceptos más populares y exitosos que existen en este momento en toda la industria de la televisión.

¿Y qué me dice de las actuaciones? Yo quiero correr a felicitar a Arcelia Ramírez, Lisa Owen, Margarita Sanz, Hernán del Riego, Arantza Ruiz y a todos los demás.

¡Qué bárbaros! Deben de ser los actores más felices de México, porque no solo construyeron esos gloriosos personajes, tuvieron el privilegio de hacerlo en una industria donde el talento, por diferentes motivos, está condenado a participar en cosas muy malas.

¡Mire qué casualidad, como en el universo de Juana Inés!

¿Le puedo pedir un favor? Luche por ver este desenlace mañana a las 21:30.

Yo no sé si Canal Once vaya a hacer maratones, si vaya a repetir esto, si lo vaya a compartir con otros medios públicos, si lo vaya a exportar o a sacar pronto en dvd.

Pero es material obligado para todo aquel que ame la televisión. ¿A poco no?

alvaro.cueva@milenio.com

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Álvaro Cueva
  • Álvaro Cueva
  • alvaromilenio5@gmail.com
  • Es el crítico de televisión más respetado de México. Habita en el multiverso de la comunicación donde escribe, conduce, entrevista, da clases y conferencias desde 1987. publica de lunes a viernes su columna El pozo de los deseos reprimidos.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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