Espectáculos

El refrito de "Los años maravillosos"

¡Me quiero volver chango! ¡Me quiero morir! ¡No!, ¡no!, ¡no! ¡Y mil veces no!

Acabo de ver Los años maravillosos por Canal 5 y no puedo dejar de gritar, de jalarme los pelos, de convulsionarme.

Es aberrante, monstruoso, patético. Es la más clara demostración de que el mundo se va a acabar, de que ya no existe el respeto. ¡Lo peor de lo peor!

Estoy tan enfurecido que no puedo dejar de temblar. ¡No lo puedo creer!

¿A quién se le pudo haber ocurrido grabar semejante porquería? ¿Quién la autorizó? ¿Quién la permitió? ¿Por qué nos la trajeron a México? ¿¡Por qué!?

Déjeme tratar de enfriar la cabeza para explicarle qué es esto y su gravedad.

Probablemente usted ya no se acuerda o es muy joven y no le tocó, pero a finales de los años 80, principios de los 90, Imevisión compró los derechos de transmisión de una obra maestra de la televisión internacional.

Se trataba de la serie Los años maravillosos, un entrañable retrato de las familias occidentales planteado a través de la nostalgia.

Palabras más, palabras menos, era lo que le sucedía a un muchacho en su transición de niño a joven entre finales de los años 60, principios de los 70.

Fíjese nada más lo que le estoy diciendo, porque para los adultos que tuvieron el privilegio de gozar de aquel espectáculo en su estreno, meterse en Los años maravillosos era como meterse en su infancia.

Y para los niños que, ni remotamente habían vivido esa época, era una oportunidad de oro para descubrirla y convivir con sus padres.

Era precioso, porque, además, tenía una manufactura exquisita que a ratos emulaba las técnicas cinematográficas de aquellos años sin contar con una banda sonora francamente gloriosa.

¡Puro clásico de la música popular internacional! ¡Puro rolón de lujo para cantar, bailar y recordar!

Por si esto no fuera suficiente, como estamos hablando de la época de oro del doblaje mexicano, nuestros actores hicieron una labor inolvidable.

No había manera de mirar aquellos capítulos de 30 minutos y de no involucrarse, de no suspirar, de no entender la verdadera belleza de la familia y de la televisión.

Los años maravillosos se convirtió en una de las series más poderosas de todos los tiempos, al menos para el sentimental, familiar y nostálgico público mexicano. No por nada, cada vez que se levanta una encuesta al respecto, este título aparece siempre entre los primeros lugares de popularidad.

El caso es que hace algunas tardes Canal 5 de Televisa anunció el estreno de algo así como una nueva versión de esta joya.

Yo, la verdad, me imaginé que se iba a tratar de algo tan digno o más que Cuéntame cómo pasó, pero no. ¡Era un refrito colombiano!

¿A qué me refiero cuando le digo refrito colombiano?

Primero, a que alguien de aquel país compró el formato, lo tradujo al español, medio lo adaptó a la realidad de aquella nación y lo produjo pero con las patas.

Nada qué ver entre el involucramiento emocional de aquella obra capital y esta especie de El chavo del ocho, en drama, totalmente acartonado, realizado como con dos pesos y donde no se entiende si los personajes están en los años 60, 70 o en La dimensión desconocida.

Todo está forzadísimo. Ni los actores creen en lo que están diciendo.

En lugar de que escuchemos a los grandes clásicos de la música internacional de aquellos años, oímos puras cumbias y vallenatos que no vienen al caso con nuestros referentes culturales.

Y el protagonista, colombiano, se llama… ¡Kevin! ¡Kevin González! ¡Es un horror! ¡Una desgracia! ¡Un chiste que se cuenta solo!

Uno ve al papá, por ejemplo, y en lugar de sentir que está viendo a su propio padre, como ocurría en la serie original, siente entre lástima y pena por ese pobre señor y aunque no quiera, comienza a despedazarlo por ridículo, insufrible y grotesco.

En resumen, es imposible engancharse con los personajes, con las situaciones o con lo que sea. ¡Con lo que sea!

Pero aún no le he dicho lo peor: yo no sé si alguien de México o de los mismos colombianos decidió que el acento de los hombres y mujeres de Bogotá iba a ser inentendible para nuestros oídos y la doblaron a un español neutro.

Pero la doblaron como si la odiaran. ¡Las voces no amarran con el movimiento de los labios! ¡Ni siquiera encajan con la edad de los actores!

Si aquello ya era malo, con esto se vuelve todavía peor. ¡Una infamia! ¡Un atentado audiovisual!

Cualquier cosa que yo le diga de esta cochinada se queda corta.

¿Qué está haciendo en televisión abierta nacional? ¿Qué está haciendo en Canal 5? ¿Qué está haciendo después de las repeticiones de La CQ? ¿¡Qué!?

¿Ahora entiende cuando le digo que me quiero volver chango? Hay cosas que no se deben hacer como tomar a los clásicos y desgraciarlos.

Los años maravillosos merecía, no un remake, una retransmisión completa en horario estelar. ¿O usted qué opina?

alvaro.cueva@milenio.com

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Álvaro Cueva
  • Álvaro Cueva
  • alvaromilenio5@gmail.com
  • Es el crítico de televisión más respetado de México. Habita en el multiverso de la comunicación donde escribe, conduce, entrevista, da clases y conferencias desde 1987. publica de lunes a viernes su columna El pozo de los deseos reprimidos.
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