Espectáculos

El final de la sexta temporada de 'Game Of Thrones'

El domingo terminó la sexta temporada de Game of Thrones y yo tendría que ser el más irresponsable de los críticos si no le digo lo siguiente:

¡Fue glorioso! Probablemente, el mejor final de temporada que una serie de televisión haya tenido jamás.

Por si esto no fuera suficiente, agárrese fuerte de donde pueda porque le voy a decir dos cosas más:

Primero, que ésta fue, sin lugar a dudas, la mejor temporada de todo Game of Thrones.

Y, segundo, que si sumamos todas las aportaciones que esta producción original de HBO le hizo a la industria del entretenimiento mundial únicamente en las últimas 10 semana, solo se puede llegar a una conclusión:

Game of Thrones es la mejor serie de todos los tiempos, un producto tan fino que hasta lo podríamos proponer como patrimonio cultural de la humanidad.

Lo que le estoy diciendo no es cualquier cosa, especialmente en un contexto como el de la televisión mexicana donde se parte del supuesto de que el público es tonto y de que menos siempre es más.

Game of Thrones es todo lo contrario, la más clara demostración de que las audiencias son inteligentes, de que lo que quieren es que las reten, que las desafíen, que las pongan a pensar.

Como en los mejores libros, como en las mejores películas, como en los mejores videojuegos. ¡Como en lo mejor!

Y no, aquí HBO no le da un premio a sus productores si se ahorran un porcentaje del presupuesto que les asignan.

Lo que quiere es espectáculo, que cada dólar metido en la realización de esta obra maestra se sienta en las imágenes, en los sonidos, en la potencia de este concepto.

El resultado es justo lo que usted, millones de personas en los cinco continentes y yo acabamos de ver: una joya del entretenimiento universal.

Sin haber llegado a su final definitivo, así como está al día de hoy, es material de estudio y punto de partida para muchas cuestiones más.

Analizando los diferentes episodios de Game of Thrones se pueden dar clases de análisis político, de literatura universal, de cine, religión, psicología y más, mucho más.

Ésta es una obra que aglutina lo más grande que se ha hecho en la historia de la humanidad, una especie de enciclopedia cuya importancia todavía no alcanzamos a apreciar, en espacial si pensamos en las nuevas generaciones.

¿Qué es lo usted quiere ver a partir de este concepto? ¿Shakespeare? ¿Darwin? ¿Churchill? ¿Gandhi?

Ahí están. Si no es en un capítulo, es en otro. ¿Quién dijo que la fantasía no podía servir para decir cosas importantes?

¿Quién dijo que en historias de princesas y dragones nos teníamos que quedar en la superficialidad y en el pasado?

Qué orgullo que una casa productora haya aprobado y llevado a la pantalla un proyecto tan hermoso y tan sofisticado como éste.

Usted solamente póngase a pensar en todos los esquemas que se han roto en Game of Thrones.

Esquemas morales, ideológicos, vinculados a cuestiones de género, a las razas, a los niños, a las minorías.

¿Y qué me dice de todo lo que podemos mencionar en cuestión de producción?

Nada más la escena de la batalla del capítulo nueve de la temporada que acaba de terminar es superior a cualquier otra secuencia similar que se haya hecho en la historia del cine como la carrera de caballos de Ben-Hur.

Solo que con una ventaja adicional: la tecnología.

A diferencia de la mayoría de las series que se duermen en sus laureles porque ahora todo lo pueden hacer a través de una computadora, Game of Thrones llevó los efectos especiales a sus últimas consecuencias.

Para que vea que todavía se puede crear. Para que vea que todavía hay retos para las grandes mentes de la industria.

¿Y qué me dice de todo lo que sucedió en el episodio de final de temporada?

No, no se lo voy a platicar porque sería una falta de respeto, pero fueron escenas que ponían a gritar al público desde que comenzaban hasta que acababan.

Y si no era por el factor sorpresa, era por una cuestión de sangre o, lo impresionante de todo, porque representaban contradicciones en algunos personajes.

¿Cómo es posible que una contradicción sea un acierto? Porque en Game of Thrones no tenemos personajes de cartón, tenemos seres humanos que también se equivocan como usted o como yo, entidades que nacen y que mueren. Tenemos verdad.

No ver hoy Game of Thrones equivaldría a no haber leído a los autores franceses de la ilustración en su momento histórico.

Es una obligación para todo aquel que quiera vivir en el presente, una necesidad para todo aquel que se quiera sentir vivo.

Ahí están las claves de lo que somos como personas, como país y como humanidad.

Por lo que más quiera, luche por ver completo esto, por gozarlo, por estudiarlo.

No es una obra fácil, no es una obra "linda", pero es la serie que se tenía que hacer, el monumento estético que la televisión estaba esperando para llamarse arte. ¿A poco no?

alvaro.cueva@milenio.com

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Álvaro Cueva
  • Álvaro Cueva
  • alvaromilenio5@gmail.com
  • Es el crítico de televisión más respetado de México. Habita en el multiverso de la comunicación donde escribe, conduce, entrevista, da clases y conferencias desde 1987. publica de lunes a viernes su columna El pozo de los deseos reprimidos.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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