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El final de finales

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Netflix consiguió, con “Cien años de soledad”, lo que HBO no pudo con “Game of Thrones”: cerrar bien, dejar a las audiencias satisfechas, felices, flotando.

Si “Game of Thrones” es la serie de series, el final de “Cien años de soledad” es el final de finales.

Necesito hablar con la gente que se encargó de esto porque no me cabe en la cabeza la inteligencia brutal con la que se decidió concluir esta experiencia cinematográfica así: con una película dentro de la serie.

Haber hecho esto equivale a lo que Gabriel García Márquez hizo cuando escribió la novela: ir más allá en términos estructurales.

El gran valor de “Cien años de soledad”, el libro, está en su grandiosa estructura de espejos.

El gran valor de “Cien años de soledad”, la serie, está en lo mismo: en la estructura.

Sólo que aquí, por el más elemental cambio de medio de comunicación, no se puede hacer lo mismo.

¿Entonces qué hicieron los genios detrás de esta adaptación? Encontraron un equivalente: una película.

Ojo: no es la primera vez que una saga culmina con un largometraje pero sí la primera en que ese largometraje está ahí, no como un extra, como un capítulo.

Llegar al “Episodio VIII” de la segunda parte de “Cien años de soledad” es como entrar a un hoyo negro que lo chupa todo para llevarlo directo al alma del espectador.

No es una conclusión. Es un golpe al corazón. Es un acto de venganza. Es una experiencia cinematográfica de casi dos horas dirigida por Laura Mora.

Antes, cuando hablábamos de esta serie, todo era: ¡Qué bonita adaptación! ¡Es idéntica al libro! ¡Qué buenas actuaciones! ¡Cuánta calidad!

Ahora, con este final, se nos acabaron los elogios. Nos metimos tanto que sólo podemos decir: ¡Todo se acabó! ¡Todo se tiene que acabar! ¡Claro! ¡No merecemos una segunda oportunidad!

¿Sí se da cuenta del cambio? No es un tema de adaptación. Es un tema de interpretación.

¿Cómo debe terminar una historia que todos creímos inadaptable en una realidad mediática y digital como la que tenemos en este 2026?

¿Cómo tenía que acabar esto hoy, con la maldición de un algoritmo que nos ordena qué ver, qué pensar y qué sentir?

Exactamente como lo hizo Laura Mora: pensando en las audiencias, traicionando a las audiencias, matando a las audiencias.

Ella, la cineasta que convirtió la miseria en poesía, la de “Matar a Jesús”, la de “Los reyes del mundo”, la única mujer colombiana que ha ganado la Concha de Oro, no nos podía salir con un final horrendo, precipitado ni mediocre.

Le devolvió la lectura bíblica a “Cien años de soledad”. Filmó, a través de García Márquez, lo que se tenía que filmar: el Apocalipsis.

Filmó el viento destruyéndolo todo. Filmó a Aureliano Babilonia descubriendo, al mismo tiempo que nosotros, su propia muerte. Nuestra muerte. ¡No lo puedo creer!

Este enfoque no es lineal. Es circular. Es el tiempo de Melquíades. La directora Laura Mora nos hizo entender, en una serie, que el tiempo no pasa, gira. Que nuestra existencia no es lo que nos dijeron.

Jamás habíamos visto algo así. Mucho menos con este nivel de producción. Mucho menos con todo ese talento.

Esto es dignidad cinematográfica. Esto es dignidad literaria. Es una producción que no le tiene miedo a ser triste. Que no le tiene miedo a ser lenta.

Que no le tiene miedo a decir que “las estirpes condenadas a cien años de soledad no tienen una segunda oportunidad sobre la tierra”.

¿Y sabe qué es lo más impresionante? Que no se necesitó que nos explicaran lo de la cola de cerdo. Que no se necesitó el morbo del niño que se comen las hormigas.

Se necesitó lo que usted y yo vimos: que se sintiera el vacío. Que se sintiera que Macondo dejó de existir. Que lo borraron. Que nos borraron.

No estamos ante el final de una serie diseñada para quedar bien con un puñado de intelectuales que se quedó en 1967.

Estamos ante el final más épico, pero al mismo tiempo más íntimo, de todos los tiempos. Ante el final de finales.

Luche por ver toda la serie “Cien años de soledad” de Netflix. Por verla poco a poco. Por verla bien. Luche por llegar al final. Le va a doler, pero le va a gustar. De veras que sí.


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Álvaro Cueva
  • Álvaro Cueva
  • alvaromilenio5@gmail.com
  • Es el crítico de televisión más respetado de México. Habita en el multiverso de la comunicación donde escribe, conduce, entrevista, da clases y conferencias desde 1987. publica de lunes a viernes su columna El pozo de los deseos reprimidos.
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