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"¡Yo soy 'La pícara soñadora'!"

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Después del magnífico final de “Un paso hacia ti”, el lunes 24 de agosto se estrenó, a las 19:00, en Canal 5, “La pícara soñadora” y yo tendría que ser el peor periodista de México si no le escribiera hoy de esto.

¿Por qué? Primero, porque Canal 5 se está convirtiendo en una bendición para los fanáticos de los contenidos dramatizados ante el acartonamiento de Las Estrellas.

Y, segundo, lo más obvio, porque estamos hablando de uno de los títulos más sagrados, pero al mismo tiempo más complejos, de toda la historia de la televisión mexicana.

Era 1991. Eran tiempos de innovación. Valentín Pimstein venía de muchos cañonazos internacionales muy importantes como “Rosa salvaje” (1987), “Simplemente María” (1989) y “Carrusel” (1989).

No eran telenovelas típicas. Tenían humor, farsa, fantasía. Y así fue como se tomó la decisión de hacer “La pícara soñadora” con el lanzamiento estelar de Mariana Levy, que venía de hacer un personaje secundario en “En carne propia”, y de Eduardo Palomo, que venía de interpretar un villano en “Alcanzar una estrella 2”.

¡Riesgo total! Porque, además, la historia era la cosa más anticuada del universo, incluso para el México de aquel entonces.

Ya nadie se acuerda pero “La pícara soñadora” fue una película argentina de 1956 que se adaptó a telenovela en el Buenos Aires de 1968.

Jamás se volvió a hacer por ridícula. Perdón.

Pero Valentín Pimstein era un genio y colgándose precisamente de eso, de lo ridícula que era, la volvió todavía más boba disfrazando de bastonera a su protagonista y poniéndola a posar en una luna como en las películas del cine mudo.

Ojo: todo el mundo tiene muy idealizada la versión mexicana de 1991 de “La pícara soñadora” porque sus protagonistas terminaron convirtiéndose en leyendas de la televisión, pero sí hubo necesidad de hacerle muchos cambios a la historia para que aquello funcionara.

¿Cuál fue el mayor reto al que se enfrentó este melodrama seriado? El de las ventas.

En 1991 estaban prohibidas las menciones comerciales. Era un tema de sindicatos. Valentín Pimstein tuvo que cambiarle el nombre a Sears para poder grabar. ¡Para que vea todo lo que ha cambiado esto desde entonces!

¿Cuál fue la mayor aportación de “La pícara soñadora”? Los multiversos.

Por increíble que les parezca a las nuevas generaciones, Valentín Pimstein se le adelantó a Marvel e inventó, ahí, los multiversos.

¿Qué significa esto? Que los personajes de sus telenovelas, como la abuela Rochild (Irán Eory) de “La pícara soñadora”, al poco tiempo comenzaron a salir en otras producciones como “Carrusel de las Américas” (1992).

El caso está en que estamos ante un clásico que no cualquiera puede hacer que funcione.

Si no me cree, acuérdese del fracaso absoluto de “Sueños y caramelos”, la versión 2005 de esta historia. Fue una catástrofe. Una desgracia.

¿Cuál es la nota? Que hoy, justo hoy, cuando las juventudes tienen cualquier cantidad de opciones para divertirse, Canal 5 nos sorprende con una nueva versión de esta peculiar historia.

¿Está buena? No. Lo siento. Está buenísima. ¿Por qué? Porque el numeroso equipo literario detrás de esta aportación no la está trabajando como telenovela, la está trabajando como M-Drama y eso es delicioso.

El resultado es como un comic adolescente con personajes que caen en los brazos de otros en cámara lenta, hombres musculosos saliendo de la alberca pero no como símbolos sexuales, como niños chiquitos.

Es una gozadera de la que Mariana Levy y Eduardo Palomo se sentirían profundamente orgullosos si vivieran.

Lo digo muy en serio. Este trabajo de Carlos Murguía y Eduardo Murguía le dio la vuelta a lo ridículo para profundizar en la fantasía sin escatimar en valores de producción.

Usted véala y le juro que se va a quedar con la boca abierta ante la calidad de las imágenes, de la edición, de la música, de las locaciones, del vestuario.

Pero, lo más importante de todo, sí compite contra lo mejor de lo mejor del mundo entero.

Decir esto, en este momento de tanto éxito para las emisiones coreanas, no es cualquier cosa. Y nos tenemos que sentir orgullosas y orgullosos.

Abril Di Yorio, como mi Lupita Pérez, es un angelito. La amo. La amo. La amo.

Darío Duque, como mi Carlos Pérez, es un rey, un tipazo. Porque, además, cambia la narrativa.

Ya no estamos hablando de los temas que tanto daño le hicieron a nuestra educación sentimental en el pasado, como el clasismo y el machismo.

¡No! Ahora todo es hermoso, luminoso y sensible. Hay un manejo, aquí, por ejemplo, de lo que significa ser hermano, que vale oro.

Y Coppel, ¡bueno!, feliz. Lo que Sears no pudo hacer en 1991, ellos sí lo están capitalizando en 2026. Yo ya quiero mi tarjeta. ¡Imagínese!

Luche con todas sus fuerzas por ver “La pícara soñadora 2026” de lunes a viernes a las 19:00 en Canal 5 y VIX. Le va a gustar. De veras que sí.


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Álvaro Cueva
  • Álvaro Cueva
  • alvaromilenio5@gmail.com
  • Es el crítico de televisión más respetado de México. Habita en el multiverso de la comunicación donde escribe, conduce, entrevista, da clases y conferencias desde 1987. publica de lunes a viernes su columna El pozo de los deseos reprimidos.
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