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El pozo de los deseos reprimidos

Crítica a ‘Avengers: Endgame’

Álvaro Cueva

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No se asuste, no le voy a spoilear nada. Solo le quiero decir que Avengers: Endgame es una de las mejores películas que he visto en mi vida.

Se lo juro. Es demasiado buena para ser cierta. ¿Por qué? Porque a los hombres de mi generación nos enseñaron que los superhéroes eran algo de segunda, tonto, superficial. Avengers: Endgame es la más grande obra maestra jamás creada alrededor de la cultura pop, una obligación para los que amamos el cine, el espectáculo, la vida. Todavía no puedo asimilar todo lo que pasa desde el primero hasta el último de los minutos. Es brutal a nivel fondo y forma.

Hace poco conduje un programa especial de Alta definición en ADN40 con todas las películas y series de los personajes de los Avengers que se han hecho desde 2008.

Qué bueno que lo hice porque Avengers: Endgame es un homenaje a todos estos contenidos, lo que Ryan Murphy y Brad Falchuk quisieron hacer con American Horror Story: Apocalypse para cerrar la serie American Horror Story solo que aquí a los señores de Marvel sí les salió bien.

Cada escena de cada línea dramática de Avengers: Endgame tiene que ver con una escena de una línea dramática de alguna de estas producciones. Por si esto no fuera lo suficientemente complejo, hay una concordancia alucinante, a nivel estructural, entre todo lo que se plantea aquí y el orden en que se fueron estrenando estos materiales creando una sensación de redondez absoluta.

Todo lo que fue quedando pendiente desde los primeros filmes de personajes como Ironman, Capitán América y Thor tiene que ver con algo que pasa en Avengers: Endgame y, lo más maravilloso, se resuelve.

¿Se da cuenta de la inmensa sabiduría que se necesita para manejar, solamente a nivel literario, semejante monstruosidad de historias, datos y psicologías?

Si esto se le hace complicado, quiero que se imagine, por un instante, las implicaciones técnicas de esta bestialidad porque las cosas ya no se ven como se veían cuando esos títulos salieron al mercado, porque los actores han crecido, porque las ciudades han cambiado.

Y a pesar de esto, cuando uno mira Avengers: Endgame siente como si la hubieran comenzado a filmar en 2008, como si sus creadores hubieran tenido la certeza de lo que iba a pasar, de los recursos con los que iban a contar, en este 2019. Toda la película está llena de sorpresas y a cada rato va dando giros dramáticos. El público no para de gritar, de reír, de suspirar y de aplaudir. Avengers: Endgame es una fiesta, el más grande premio que Marvel le pudo haber regalado a sus audiencias después de tantos años de fidelidad.

No hay manera de salir del cine y de no sentir satisfacción. Que si por el lado de la acción, por el lado de la acción. Que si por el lado de la mujer, por el lado de la mujer. A los responsables de esta joya no se les olvidó nada: las ideas, el reparto, los efectos especiales, la música, la juventud, los espectadores más maduros. Jamás había visto algo tan perfecto, sobre algo que siempre había sido etiquetado como entretenimiento puro, en una sala cinematográfica y menos tratándose de una saga tan larga y con tantísimos personajes. Luche por ver Avengers: Endgame. Es magistral. Le doy mi palabra de que así es.

alvaro.cueva@milenio.com

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