No hay peor ciego que el que no quiere ver: Omar Chaparro está haciendo cosas muy exitosas, muy buenas y muy importantes.
No conforme con habernos regalado una interpretación memorable en “Un viaje al corazón”, se acaba de convertir en el fenómeno de uno de los fines de semana más competidos del año: el del Día del Amor y la Amistad.
¿Con qué? Con “La celda de los milagros” de Netflix. Primer lugar sobre muchísimos primeros lugares de la plataforma más poderosa del mundo.
Ni le pido que la vea porque seguramente usted, como millones de personas en los cinco continentes, ya la vio, ya la gozó, ya la recomendó.
¿Qué fue lo que pasó aquí? Valores familiares, Asia, volver al origen y calidad.
Se lo explico en tres patadas: contrariamente a lo que se maneja en política, premios y festivales, una de las tendencias más influyentes en el cine de hoy tiene que ver con la familia, con la religión y con valores.
“La celda de los milagros” es eso y más, sólo que para el “streaming”.
Si no me cree, revise los números. Dos de las tres películas mexicanas más taquilleras de este 2026 tienen que ver, o con la familia (“Familia a la deriva”) o con la religión (“Bendito corazón”). Por algo será.
Asia. Hablemos de Asia. “La celda de los milagros” es una versión latina de la maravillosa película coreana “Milagro en la celda número 7” de Lee Hwan-Kyung.
El adaptador fue Patricio Saiz de “Las hijas de la señora García”, “El maleficio”, “Nosotros los nobles” y “Cómo cortar a tu patán”.
Las coreanas y los coreanos saben lo que hacen. Patricio es un genio. Qué bueno que alguien tuvo la humildad de voltear hacia allá y de quitarse todas esas telarañas ideológicas que de repente frenan la taquilla.
Porque si nos hubiéramos puesto exigentes con “tonterías” como lo real, lo mágico y lo legal, jamás se hubiera podido hacer este material.
Ahora le pido que nos detengamos en el tema “volver al origen”. “La celda de los milagros” es como “Mi niño Tizoc”, “La Caperucita Roja” y “El globero”: cine mexicano muy popular, pero entrañable.
Si no estuviéramos viviendo esta época de consumo veloz donde nada trasciende, le juraría que esta película dirigida por Ana Lorena Pérez Ríos (“Lalola”, “No fue mi culpa”, “El hotel de los secretos”) se convertiría en un referente, en un clásico del cine familiar mexicano como “Pulgarcito” y “Santa Claus”.
Calidad. ¿A qué me refiero cuando hablo de calidad? A que este filme está lleno de valores de producción siendo el del reparto lo más increíble que usted se pueda imaginar.
Porque está Omar, sí, pero también están puras eminencias del Ariel para arriba como Gustavo Sánchez Parra, Jorge A. Jiménez, Arturo Ríos, Marco Treviño y Sofía Álvarez.
Estamos hablando de algo muy bueno, muy serio y muy hermoso. Combinación que no se da muy seguido en nuestro cine (aunque esta película se haya filmado en Colombia).
¿Cuál es la nota? Que sí se puede hacer un cine exitoso que toque los temas más candentes del momento como los derechos humanos, la migración y la discapacidad combinado con los más profundos temas universales como la bondad, la justicia y la muerte.
¡Qué orgulloso me siento de haber gozado de este contenido justo hoy que vivimos tiempos de alta oscuridad! ¡Qué feliz me siento de ver triunfar y progresar a otro mexicano universal: Omar Chaparro! ¡Felicidades!