• Regístrate
Estás leyendo: #MeToo y la doble personalidad
Comparte esta noticia
Jueves , 18.04.2019 / 17:49 Hoy

Fusilerías

#MeToo y la doble personalidad

Alfredo C. Villeda

Publicidad
Publicidad

Arthur Rimbaud se preguntaba por qué una línea que él tomó de los viejos textos de la tradición hindú había resultado tan significativa para sus lectores a grado tal que siempre se le asocia con ella. “Yo es otro”, pues, se convirtió en una carta de presentación del joven poeta y lo instaló en la galería de los autores que han dedicado frases o volúmenes a este desdoblamiento de la personalidad, culto al avatar al que tan afectos fueron otros franceses como Guy de Maupassant, Théophile Gautier y Jean-Paul Sartre.

El tema del doble apasionó también a escritores de otros orbes como el escocés Robert Louis Stevenson, el ruso Fiódor Dostoievski y el argentino Jorge Luis Borges, cuyo cultivo del otro llevó al italiano Antonio Tabucchi a preguntarse si el genio de Ficciones existió en realidad. La doble personalidad alcanzó también, por cierto, a Italo Calvino, elevándola a un plano fantástico con su relato El vizconde demediado, personaje de Terralba que es partido por un cañonazo de los turcos y sus dos mitades continuaron viviendo por separado en una dualidad de bueno y malo.

Un apunte del narrador italiano sobre esa obra ha venido a mi mente en tiempos de cibernautas en que cada uno tiene su avatar, su perfil, su personalidad de internauta, que como en el caso del uso de varias lenguas, cambia de acuerdo con la plataforma o aplicación en turno, o a la manera del portugués Fernando Pessoa, cuyos heterónimos actuaban y escribían con características propias y distintas entre ellas.

Dice sobre su personaje, el vizconde: “Que esas dos mitades fueran igualmente insoportables, la buena y la mala, era un efecto cómico y al tiempo significativo, porque a veces los buenos, las personas demasiado programáticamente buenas y llenas de buenas intenciones, son terribles chinches”.

Durante las dos semanas recientes el surgimiento, el desarrollo y la desaparición de varios colectivos cuya columna vertebral era el célebre #MeToo exhibió la doble personalidad de una serie de personajes, públicos en razón de su oficio o profesión, acusados algunos de forma anónima, otros de manera frontal por sus presuntas víctimas, pero también de quienes organizaron tal cruzada, una que de la bienvenida inicial por las mejores intenciones, se dio un tiro mortal con su reacción al suicidio de Armando Vega-Gil, quien así abrazó y arrastró al vacío a sus perseguidoras.

Hubo de todo: culpas, pruebas, anónimos, excesos, debate, exhibición, dobles discursos, silencios, mentiras, despidos, un suicidio y, sobre todo, una sacudida social que abrió la ventana a una revisión obligada sobre la normalización de la violencia contra la mujer, con leyes y campañas que la combatan evitando los errores de este doloroso parto, con el aprendizaje recién adquirido como base para lograr mejores filtros hacia una justicia desprovista de venganzas, ajustes de cuentas y líos de pareja ajenos a la tipificación de los delitos de acoso y violación.

@acvilleda


Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.