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Viernes , 22.02.2019 / 17:19 Hoy

Fusilerías

"Lucifer" la serie

Alfredo C. Villeda

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Basado en el personaje Sueño del cómic The Sandman, relativo al duende celta que ayuda a dormir a los niños poniendo arena en sus ojos, Lucifer es la estrella de la serie televisiva del mismo nombre interpretado por Tom Ellis, el mismísimo Diablo que deja su reinado en el infierno para instalarse en Los Ángeles, donde conoce a la detective Chloe Decker (Lauren German) y la ayuda a resolver crímenes.

De apellido Morningstar, este peculiar demonio ha dejado sus cuernos para otras representaciones y, salvo excepciones, su rostro es el de un galán rico, dueño de un exclusivo bar, desde el que urde toda clase de acciones a fin de asegurarse la estancia en la Tierra y trabajar al lado de la policía que, sí, le ha robado el corazón, al grado de dejarlo en estado de vulnerabilidad en su presencia.

Pero acaso sea el humor el rasgo más característico de esta serie, con tres temporadas completas transmitidas por Fox, y una cuarta de 10 capítulos en camino firmada con Netflix, a lo largo de las cuales ha transitado un camino de altibajos en cuanto a audiencia y críticas. Porque este diablo tiene un sentido del humor poco común en los de su estirpe, a veces tan ácido que puede alterar ciertas conciencias, como el episodio en que habla de su amistad con algunos alemanes que se refugiaron en Argentina después de la Segunda Guerra Mundial, que no son otros que los nazis.

Sin embargo, este Señor de las Tinieblas no alcanza a ser tal porque su clase, sus sentimientos y ánimo de castigar el delito lo presentan más como un dandi, un Oscar Wilde (al que dice haber conocido cuando era heterosexual), que como una maligna entidad venida del averno. Acaso por eso no aparezca con su nombre, Lucifer, en El diccionario del Diablo de Ambrose Bierce.

Quizá haya habido más maldad en un alma humana de otro dandi como Lord Byron, aquel poeta inglés que robó a John Polidori su relato “El Vampiro” (retrato del propio Byron, que terminó en el suicidio del primero), que en este Lucifer televisivo, más cercano a Charles Baudelaire. Dice Albert Camus: “Baudelaire, a pesar de su arsenal satánico, su gusto por Sade y sus blasfemias, seguirá siendo demasiado teólogo para ser un verdadero rebelde. Su verdadero drama, el que lo ha convertido en el más grande poeta de su época, estaba en otra parte (…) Ha sido el teórico más profundo del dandismo”.

Lucifer en modo serie cabe más en Condenada, la novela de Chuck Palahniuk, en la que Madison, una adolescente hija de un millonario, se da un pasón de mariguana y acaba en el infierno compartiendo experiencias con toda clase de pecadores ejemplares y demonios desmadrosos, ángeles caídos y bestias del inframundo como Benoth el babilonio, Dagón el filisteo, Astarté la sidonia, Mevet el judaico, Lilith, Tarkat, Reshev, Astaroth, Behemoth, Belcebú…

Como el sexo no falla, en Lucifer, como en el infierno de Palahniuk, el porno crea un efecto equivalente al del calentamiento global en la Tierra. Échele un ojo.

@acvilleda



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