Acaso sea injusto juzgar la estabilidad de un país por los hechos de un solo día. Pero cuando esos hechos reflejan ya no solo una expresión social aislada, un atentado solitario, una protesta excepcional o una conducta criminal limitada, sino que responde a patrones extendidos y dinámicas constantes, estamos entonces ante la posibilidad de trazar una imagen cercana a la realidad.
Jueves 29 de junio de 2023. La policía federal despliega 40 mil agentes por los altercados derivados del asesinato de un joven a manos de un agente en la periferia de la capital, donde se han organizado marchas de protesta. En el tercer día de disturbios en varias regiones del país, ya son 350 detenidos. En el sur hay escenas de vehículos quemados y asaltos a comercios, mientras ardían estaciones policiacas y edificios del gobierno.
Por lo menos tres ciudades han decretado el toque de queda, de once a seis de la mañana, y se ha detenido el servicio de transporte público, y en algunas zonas se ha prohibido la pirotecnia para cerrar el uso de ese material al incendio del mobiliario urbano. El presidente debió convocar a un gabinete de crisis y ordenó anular los desplazamientos no prescindibles de los secretarios de Estado hasta nuevo aviso.
Y sé, amable lector, que usted bien pudo imaginar que aquí se hablaba de nuestro país por el ataque mortal contra Hipólito Mora y comitiva en Michoacán, el atentado con coche bomba contra un grupo de la Guardia Nacional en Celaya, los bloqueos de carreteras en los cuatro puntos de ingreso y salida de Ciudad de México por maestros inconformes y la protesta de familiares de 16 personas secuestradas en Chiapas, sin respuesta de los captores. Sí, también todo en un solo día.
Pero no. Se trata de Francia. Los desmanes terminaron anoche con el asalto a una tienda Nike en París. Lo que comenzó hace tres días en Nanterre se ha extendido a Marsella, Lyon, Lille, Toulouse, Vaulx-en-Velin y Sevran, coincidentes con el llamado de la madre del joven árabe asesinado por un policía a “la revuelta” y a “una marcha blanca de solidaridad”.
Francia, el segundo país más poderoso de la Unión Europea, literalmente está en llamas.