Cavando en la poesía erótica griega, José Luis Calvo Martínez ha hallado una primera conclusión que argumenta a golpe de citas: Homero es un narrador y, por tanto, cuando relata algún episodio “picante”, como el encuentro furtivo y adúltero de Ares y Afrodita, en realidad asume un rol de voyeur. “Nos lo imaginamos —dice— detrás de una columna viendo y oyendo todo.”
El editor de Antología de la poesía erótica (Cátedra: Letras Universales, 2009, bilingüe) justifica así la ausencia del autor de la Ilíada en este magistral compendio, pues de hecho lo señala de “desvirtuar” escenas potencialmente eróticas, “enfriándolas”, como sucede en la despedida entre Odiseo y Nausícaa en la que “realmente hay más ternura que erotismo”, o en la huida de Paris, quien derrotado en combate ante Menelao, encuentra a Helena en el dormitorio: “Así dijo y comenzó a dirigirse hacia el lecho. Y le seguía su compañera de lecho”.
Y aunque la poesía erótica se inaugura en Grecia alrededor del año 600 a. C. con la aparición casi simultánea de Safo de Mitilene y Arquíloco de Paros —homo y hetero en cuanto a la manifestación del Eros—, ambos dependen no poco de Homero, dice Calvo Martínez, porque cuando surge con ellos la lírica, ésta carece de instrumentos lingüísticos propios (métrica y léxico artísticos) y no pueden sino acudir al autor de la Odisea, cuya obra está datada más de una centuria atrás.
Con esos antecedentes, Calvo Martínez diagnostica a Safo si no celos, sí depresión o un ataque de ansiedad, cuando canta así: “Me parece semejante a los dioses/ el hombre que se sienta frente a ti/ y, cerquita, te escucha/ mientras hablas con palabras tiernas/ y ríes dulcemente…”. Arquíloco, en tanto, escribe: “Y palpando su hermoso cuerpo todo,/ solté mi blanco ímpetu/ mientras acariciaba su dorado pelo.”
Las deudas con Homero son tantas que no extraña saber que Ptolomeo condenó a muerte bajo el cargo de “parricida” a Zoilo, gramático y filósofo que iba por Alejandría jactándose de ser el “fustigador” del poeta ciego.
Alfredo Campos Villeda@acvilleda