El análisis institucional, movimiento surgido a raíz de la crisis de las instituciones por el advenimientos de la sociedad industrial, se orienta en el sentido de dar al concepto de institución su contenido dialéctico, ubicando los momentos de análisis como universal o la forma general y abstracta en la que se presenta la institución; el momento particular donde se concreta el universal pero aún de un modo amplio; y el momento de la singularidad donde se hace referencia a individualidades.
El análisis institucional ve en el momento de la universalidad lo instituido de la institución, en el de la particularidad, ve el carácter instituyente de la institución, finalmente, en el momento de la singularidad ve lo institucionalizado, en el cual se plasma la interacción entre lo instituido y lo instituyente. (Chamizo y Jiménez, 1994)
En esta perspectiva, el análisis institucional reconceptualiza a la institución como la forma que adopta la preproducción y la producción de las relaciones sociales en un momento dado de producción, así como el lugar en que se articulan las formas que adoptan las determinaciones de las relaciones sociales (Ibid, 1994). En este concepto tratan de expresar el antagonismo de lo instituido y de lo instituyente.
Si esto es así, menciona Lapassade (1999), la escuela es una institución social regida por normas atinentes a la obligación escolar, los horarios, el empleo del tiempo, etc. Por consiguiente, la intervención pedagógica de un docente (o un grupo de docentes) sobre los educandos se sitúa siempre dentro de un marco institucional: aula, escuela, liceo, facultad, pasantía o práctica.
El reconocimiento de estas situaciones nos muestra claramente que, de igual manera, la intervención del director escolar como custodio del orden institucional en las escuelas se ve enmarcada por condicionantes institucionales que en muchas ocasiones dificulta la expresión de nuevas manifestaciones y que confunden el sentido de su función por el tipo de relaciones que establecen.
Esta condición, presente en las instituciones escolares y no necesariamente conscientes para los sujetos que ahí actúan, genera diferentes reacciones que se expresan en las acciones cotidianas que desarrollan los directores y maestros y que tienen que ver con la elaboración de planes, proyectos, programas, etc., articulados a los propósitos y tiempos institucionales, donde se ven imposibilitados de externar sus capacidades propias.
Dentro del enfoque del análisis institucional, Sandra Nicastro (1991) plantea algunos conceptos interesantes alrededor de la institución como son la historia institucional, el mandato y la identidad institucional.
La historia institucional la concibe como el conjunto de historias, relato de múltiples relatos, donde aparece unificado en un discurso, en una narración, en un argumento, lo múltiple, lo diferente, lo colectivo. Es la historia específica de una institución determinada en sentido general o como un establecimiento particular. El mandato institucional funciona como un soporte de la identidad institucional y de su ideología, pauta el desempeño de los roles y el funcionamiento de la institución. La identidad institucional se configura a partir de la identificación de los miembros de la institución con sus antecesores, con los mandatos y modelos que ellos legaron.
En este sentido, es importante reconocer que las instituciones escolares tratan de darse una historia y en esta historia dar cuerpo a la identidad individual o colectiva. En este sentido, las escuelas como instituciones se constituyen en la colectividad de los sujetos que la cohabitan e interaccionan. El interés en el pasado institucional de la institución escolar persigue como propósito aclarar el presente; 'entender el tiempo' significa liberar a lo actual de la serie de pactos y denegaciones que inconscientemente tiene estructurado el quehacer institucional en un presente eterno donde los sujetos no encuentran claramente su destino.
Reconocer entonces, el pasado de la institución escolar, posibilita por una parte, comprender el presente de las prácticas institucionales que allí se desarrollan, y por otra, la imagen que han construido los sujetos que se relacionan cotidianamente. En estas construcciones, es inevitable la confrontación entre innovación y tradición, fiscalización y asesoría, orden y desorden, etc. que los sitúan en conflictos permanentes en la organización y funcionamiento de la acción educativa.
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